Como ya os conté ayer, nuestro primer plan para hoy consistía en dar algún paseíto por las cercanías de Pitlochry. Hemos sacado nuestro mapa de senderos y nos hemos decidido por uno cortito y sencillo, unas tres millas y media. La única dificultad ha estado en un sendero estrecho en el que teníamos que esquivar los abundantes restos orgánicos dejados por un rebaño de ovejas que nos había precedido, prueba que superamos con éxito.
Ya estábamos cerca de Pichorrico, una vez pasado el pueblo de Moulin que daba nombre al camino, cuando hemos visto un indicador: Craigower 1.5 mi. Craigower era un mirador que habíamos visto en nuestro mapa. Pues oye: es un desvío de una horita, nada más... Con más cojones que cerebro, para allá que se han ido nuestros héroes, sin contar con que se perderían dos veces (la segunda fueron encaminados por unos amables jugadores del campo de golf que habían atravesado) y con que el mirador, claro, estaría en lo alto de un monte. Y la última media milla ha tenido un desnivel medio del 20 %. En fin, hemos llegado arriba echando el bofe, pero la vista ha merecido la pena
A todo esto, el Craigower solo es lo que en Escocia llaman una cima (top), con sus menos de 500 m de altura. A partir de 3000 pies de altura (914 m) las consideran montañas de verdad, o munros, nombre debido a Sir Hugh Munro, quien compiló la primera lista de tales montañas en Escocia. Son casi trescientas y tratar de subir a todas ellas es una afición bastante popular en el país.
Nosotros hemos subido un total de cero.
Al bajar de Craigower hemos vuelto a pasar por Moulin y nos hemos quedado a comer en el pub para, de paso, probar la cerveza local. En el pub del pueblo solo sirven la cerveza que hacen ellos mismos, de la que tienen cuatro variedades. Se puede visitar la cervecera a la hora de comer, pero a nosotros ya se nos iba haciendo tarde y no lo hemos hecho. Otra mala decisión.
Finalmente, hemos vuelto a Pitlochry después de recorrer el doble de la distancia que habíamos previsto al principio, y con más dificultades. Pero, como el tiempo ha sido bueno, pues mira qué bien. Y finalmente he podido comprar un cargador de móvil que funciona. Ya no tengo que gorronear el de Tereixa. Me siento una persona de pleno derecho.
Y ya hemos cogido el coche y puesto rumbo a nuestro destino de hoy: la zona de Loch Lomond. Hay una canción tradicional escocesa muy conocida que lleva el nombre del más extenso de todos los lochs; esta es la letra:
O you'll take the high roadAnd I'll take the low roadAnd I'll be in Scotland before youFor me and my true loveWill never meet againBy the bonnie, bonnie banks of Loch Lomond
En efecto, de aquí he cogido el título de este blog, para quienes no lo hayáis adivinado. Según la tradición, esta canción la compuso un soldado escocés moribundo en el siglo XVIII para expresar su dolor por no poder volver a su patria.
Nuestro camino ha seguido en parte una ruta ya conocida, recorriendo toda la ribera de Loch Tay, para llegar al parque nacional de Loch Lomond y los Trossachs. Estos últimos son una serie de valles al este de Loch Lomond que hizo famosos Sir Walter Scott en su novela Rob Roy. Pero nosotros nos hemos venido al otro lado del loch; concretamente, a orillas de Loch Goil. Que no es un lago, sino un entrante de mar. Muchos lochs son así; no me preguntéis por qué llaman a todos igual.
Por el camino hemos seguido viendo cosas que merecían la pena, como la catarata de Falloch, aunque no nos hemos acercado a ella.
Y ya estamos en la que será nuestra última casa en Escocia. Para mañana dan buen tiempo, sin lluvia (hasta ahora, mucho o poco, ha llovido todos los días); así que aprovecharemos para pasear por los bosques y los lochs. Ya os contaremos.





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