miércoles, 10 de junio de 2015

Bola extra

Ahora que ya estoy en casa y tengo un ordenador, he repasado y remodelado todas las entradas del blog. La herramienta para escribir desde dispositivos móviles es bastante limitada y solo me dejaba escribir y plantar foto entre dos párrafos. Ahora, entre otras cosas, he puesto texto alternativo a todas las fotos; una manía mía. También he corregido errores y añadido algunos enlaces. En fin, que he dejado el blog niqueladito.

Como última entrada, os dejo algunas curiosidades más o menos útiles sobre Escocia o el Reino Unido en su conjunto:
  • En el Reino Unido, no solo el banco central (Bank of England) emite moneda; también pueden hacerlo otros bancos, y así lo hacen algunos escoceses y norirlandeses. Por lo normal, los billetes emitidos por estos bancos solo se ven en su territorio (Escocia o Irlanda del Norte, respectivamente), donde se usan con toda normalidad. Fuera de allí, pueden admitirlos o no, según les dé. Pero no os los traigáis a casa para cambiarlos; los bancos de aquí pueden ofreceros un tipo de cambio peor que el normal para la libra esterlina.
  • Los británicos no suelen dar direcciones usando el sistema habitual, con calle y número, sino que dan solo el código postal (y tal vez el número de la casa). Esto es así porque los códigos postales, a diferencia de lo que ocurre en otros sitios, como España, abarcan una zona muy pequeña. Una calle, una manzana o, incluso, un solo edificio aislado. No os llame la atención, pues, si al ver la dirección de una casa no sale la calle. Igualmente, al usar un navegador, lo más rápido es meter directamente el código postal, en lugar de la localidad y luego la calle.
  • En todos los pueblos hay un memorial dedicado a los caídos en la I Guerra Mundial (muchas veces extendido luego a otros conflictos). Como actualmente se está celebrando el centenario de ese conflicto, estos memoriales suelen tener flores (las tradicionales amapolas, sobre todo) y muchas veces hay actos conmemorativos varios.
  • Nosotros intentábamos comer en lugares típicamente británicos, sobre todo pubs. Pero la población autóctona suele ir a restaurantes indios, chinos o italianos. Estos últimos parecen ser la moda actual, los hay por todas partes y siempre están llenos.
  • Como cabía esperar, Escocia está llena de campos de golf. Por todas partes. Al fin y al cabo, ese deporte se inventó allí y la climatología es ideal para mantener el campo verde sin necesidad de más regadío. Es un pasatiempo muy popular y no se considera elitista.
  • Como ya escribí en la primera entrada del blog, el alojamiento es muy caro en el Reino Unido. Nosotros solo buscábamos que las habitaciones tuvieran baño, especialmente para evitar esperas por las mañanas. Si leéis que una habitación es en suite, no significa que sea especialmente lujosa; simplemente, que tiene baño. El término se ha popularizado hasta el punto de que, a veces, llaman en suite al cuarto de baño (this is the en suite significa este es el cuarto de baño).
  • Hace unos meses se promulgó una ley según la cual los servicios de los locales públicos, si son individuales, deben ser unisex. Así que es bastante habitual, sobre todo en los pubs pequeños, ver dos puertas juntas con el mismo cartel de men/women (o los correspondientes dibujitos). Se acabó esperar en la puerta a que desocupen el que te corresponde mientras el del otro sexo está vacío. A ver si cunde el ejemplo por aquí.
Y, para rematar, el cartel que había en la puerta de la antigua catedral de Chester para dar la bienvenida a los visitantes. Siempre me llama la atención la diferencia entre las iglesias españolas, en muchas de las cuales parece que estorbas si no vas a rezar, y las del resto del mundo, donde te invitan a entrar a verlas a tu gusto; pero ninguna lo ha dejado tan claro como esta.

Lo tienes difícil para no estar entre los invitados

Por si en la foto no se lee bien, os copio aquí el texto, ortografía americana y todo:
We extend a special welcome to those who are single, married, divorced, gay, filthy rich, dirt poor, yo no habla Ingles. We extend a special welcome to those whe are crying new-borns, skinny as a rail or could afford to lose a few pounds.
We welcome you if you can sing like Andrea Bocelli or like our Rector who can't carry a note in a bucket. You're welcome here if you're "just browsing," just woke up or just got out of jail. We don't care if you're more Catholic than the Pope, or haven't been in church since little Joey's Baptism.
We extend a special welcome to those who are over 60 but not grown up yet, and to teenagers who are growing too fast. We welcome soccer mums, NASCAR dads, starving artists, tree-huggers, latte-sippers, vegetarians, junk food eaters. We welcome those who are in recovery or still addicted. We welcome you if you're having problems or you're down in the dumps or if you don't like "organized religion," we have been there too.
If you blew all your offering money at the dog track, you're welcome here. We offer a special welcome to those who think the earth is flat, work too hard, don't work, can't spell, or because grandma is in town and wanted to go to church.
We welcome those who are inked, pierced or both. We offer a special welcome to those who could use a prayer right now, had religion shoved down your throat as a kid or got lost in traffic and wound up here by mistake. We welcome tourists, seekers and doubters, bleeding hearts... and you!
(With thanks to Our Lady of Lourdes Catholic Community)

viernes, 5 de junio de 2015

Oxford

Seguimos acercándonos cada vez más a Londres. Mañana volvemos ya a casa, se acaban nuestras vacaciones. Ay.

En fin, como ya os dije, nos habíamos dejado la visita a la catedral de Chester para hoy. Chester fue una localidad muy importante hasta que el puerto de Liverpool le comió el terreno y su catedral refleja esa importancia. Eso sí, en la actualidad hay bastantes elementos reconstruidos en el siglo XIX. En ese siglo se recuperó la apreciación por la arquitectura medieval (tened en cuenta que el término gótico era, en origen, despectivo: el arte de los godos) y se intentó recuperar los edificios que, muchas veces, no se habían tratado con mucho cariño. Pero lo que se hizo muchas veces fue reconstruir, en lugar de restaurar. Una pena.

En fin, Chester tiene muchos elementos interesantes en su catedral. Por ejemplo, se conserva intacta la corte eclesiástica, donde se dirimían también casos que no tenían que ver con herejías ni similares. Aquí hemos sabido de una mujer que llevó a otra a juicio por llamarla hermafrodita peluda. Tereixa se afanaba por imaginarse el aspecto que podía tener la receptora de tal calificativo. Por cierto: según los registros, tras tomar los correspondientes testimonios, el caso se sobreseyó.

Esto es el coro; no hay evidencias de que la hermafrodita peluda pisara esta zona

Aunque la entrada a la catedral es gratuita, hacen también visitas guiadas por los niveles superiores que cuestan £5 por cabeza. Hemos hecho una de esas y aprendido, por ejemplo, que se sigue tocando una campaña a las 20:45 cada día señalando el toque de queda. Antiguamente, esa campaña anunciaba el cierre de las puertas de la ciudad y la obligación de abandonarla a los extranjeros. Aún no se ha derogado la norma que permite disparar con un arco a cualquier galés que se encuentre intramuros después de las nueve de la noche; al menos, la que permitía matar vascos en Islandia se eliminó hace poco. De todos modos, las campañas que siguen usándose ya no están en la misma catedral, sino en un campanario muy peculiar que se construyó al lado hace poco. Es todo tejado.

¿Campanario o cohete?

Allá a las doce hemos salido, por fin, de Chester, con rumbo a Oxford. Todo por autovía, pero os aseguro que he echado de menos las carreteras de un carril de Escocia. Entre el calor (sí, estamos acabando el viaje con bastante calor), las obras y la circulación, ha sido un viaje muy pesado.

Y también acabamos, en cierto modo, como lo empezamos: con una habitación en las afueras, igual que en York. Aunque esta vez es en un pub. Sí, hay pubs, sobre todo en el campo, que alquilan algunas habitaciones. La wifi no llega a la nuestra, pero prefiero escribir desde una mesa del propio pub, con una pinta :)

Aunque, claro, hemos bajado a Oxford para dar una vuelta por la ciudad. Que me ha parecido atiborrada de gente. No creo que realmente lo esté; es, simplemente, que me había acostumbrado a la soledad del campo. En fin, hemos aparcado el coche y, al ir a echar monedas en el parquímetro, hemos visto que nos ahorrábamos un dinerito si esperábamos diez minutos. Así que nos hemos sentado en el capó a charlar un rato. Pero al poco hemos visto pasar un vigilante, de modo que he sugerido a Tereixa que se hiciera la rubia. Es decir: que se pusiera a leer detalladamente las instrucciones del parquímetro con cara de entender poco. Y hacia ella que ha ido el hombre y le ha dicho: si esperáis siete minutos, os ahorráis libra y media. Qué majete.

Bueno, hemos dado una buena vuelta al centro de la ciudad y, finalmente, hemos entrado en un pub para cenar. Hoy no habíamos comido, así que teníamos hambre. Y nos ha vuelto a tocar camarera española. Esta llevaba sólo nueve meses en el país, pero estaba bastante contenta. Decía que se había acostumbrado bien al clima (pese a que, por el acento, parecía del sur) y estaba bien en Oxford. Parecía una superviviente, seguro que le va bien.

Uno de los edificios de la universidad de Oxford

Y ya de vuelta a nuestro pub, a echar unas cervezas (yo no podía beber en Oxford porque luego tenía que conducir, y Tereixa se solidariza conmigo) para celebrar nuestra última noche en el Reino Unido. Mañana hemos quedado con nuestra amiga Caterina en Londres; no la hemos visto desde su boda, la que nos sirvió como excusa para las vacaciones en Grecia de hace dos años. Y ya de vuelta a casa. Aún publicaré una entrada más en este blog, pero será un poco especial. Por lo demás, se acaba nuestro viaje.

jueves, 4 de junio de 2015

Chester

Ayer fue, como ya os dije, nuestro último día en Escocia. Bueno, nuestro último día completo. Hoy empezábamos, eso sí, el largo trayecto hasta Londres.

Tras nuestros últimos kilómetros de carretera de un solo carril (en los que ha aprovechado un cervatillo para saltar delante de nuestro coche, aunque ayer nos hizo lo propio otro mientras andábamos por el monte), hemos llegado a la carretera civilizada que llevaba hasta Glasgow, bordeando Loch Lomond. Habréis observado que, pese a estar en esa zona, apenas hemos estado en este gran lago; otra cosa que nos dejamos para el futuro. En fin, hemos seguido esa carretera, como os digo, pero sin entrar en Glasgow. Sí hemos ido, en cambio, a una localidad que hoy día no es sino un satélite de esta, pero en el pasado tuvo su importancia: Paisley. De ese pasado conservan su abadía gótica (con algún elemento aún románico. Había un señor dentro que, a poco que le insistieras, te enseñaba la abadía. En realidad, no tenías que insistirle nada: yo creo que se aburría, así que venía detrás de nosotros y nos daba conversación sin necesidad de pedírsela. En fin, la visita a la abadía, que además es gratis, merece la pena si andáis por la zona.

Tras un día de sol, volvió la lluvia a Escocia

Y nuestra última parada en Escocia ha sido en la última área de servicio antes de cruzar a Inglaterra. Allí nos hemos comido un fish & chips bastante decente y hemos recogido a tres chavales que hacían dedo. Habían estado unos días por la zona de vacaciones, después de acabar sus exámenes en la universidad, y ya se volvían a Bristol. Nosotros no íbamos tan lejos, pero les hemos dejado en otra área de servicio entre Manchester y Liverpool, así que les hemos hecho medio viaje. Espero que hayan encontrado quien les haya hecho el otro medio, eran bastante majetes.

Nuestro destino final era la ciudad de Chester. Chester es, hoy día, una pequeña ciudad cerca de Liverpool, al otro lado del estuario del Mersey, junto a la frontera con Gales. Pero su historia viene de muy atrás.  Tiene unas ruinas romanas interesantes, algunas iglesias góticas destacadas y un recinto amurallado muy bien conservado. La muralla se conserva casi intacta, aunque reconstruida en parte, y la arquitectura tradicional es muy pintoresca.
Al estilo de estas casas me refiero con lo de 'arquitectura tradicional'

Así que hemos dedicado la tarde a pasear por el centro. No hemos podido entrar en la catedral (iremos mañana), pero sí en la antigua catedral, hoy parroquia de San Juan Bautista, que es igualmente interesante. A su lado, el anfiteatro y el resto de las ruinas romanas. Y, claro, el paseo sobre las murallas, rodeando el recinto. Además, la ciudad extramuros también tiene interés (las ruinas romanas y la antigua catedral están en el exterior, por ejemplo). Tiene un hipódromo junto a la muralla y más cosas. En fin, no es una ciudad muy conocida en España, pero no os la perdáis si vais por el oeste de Inglaterra.

La antigua catedral románica de Chester

Hemos cenado, claro, en un pub. Tenían su propia cerveza, bastante buena. Y me ha hecho gracia que, en un momento dado, he visto que la camarera estaba absorta mirando la tele. Estaban dando un documental sobre animales acuáticos de Inglaterra. Mira, la moza aprovecha sus ratos muertos para culturizarse.

Ahora, claro, ya estamos en casa. Que está, para variar, muy bien, pero tiene un problema: la wifi falla más que una escopeta de feria. Así que no puedo poner fotos en esta entrada. Las añadiré cuando tenga mejor conexión. De momento, así se queda. [ACTUALIZACIÓN: Ya están las fotos y algún arreglo más.]

miércoles, 3 de junio de 2015

Los lochs marinos

Como ayer os dije, nuestra última casa escocesa está junto a la orilla de Loch Goil, un loch marino; es decir, no es un lago, sino un entrante del mar, aunque con la típica forma alargada de los lochs. Realmente, Loch Goil es un brazo de otro más grande, Loch Long. Y hoy hemos dedicado el día a pasear por los montes que rodean estos lochs.

En primer lugar, hemos cogido el coche hasta Lochgoilhead, el pueblo grande de esta zona. Entendiendo por grande que tiene pub. Dos, en realidad. Ayer cenamos en uno de ellos. Y de allí salen algunos senderitos a los que habíamos echado el ojo. Como eran cortitos, lo que hemos hecho ha sido combinar dos para hacer un recorrido más largo. Por el camino, por cierto, nos hemos cruzado con una pareja de alemanes que se aloja en nuestra misma casa y a quienes habíamos conocido en el desayuno. Esta es, claramente, una zona para hacer senderismo por el monte.

Tengo que ver cómo mejorar los colores de las fotos que hago con el móvil

Bonito, ¿verdad? Aunque estas fotos de naturaleza nunca hacen justicia a la realidad. No es lo mismo ver una imagen pequeña cogida con un móvil que estar rodeado por el bosque y sus sonidos. Pero me temo que no puedo poner eso en el blog. A cambio, también os ahorráis un tramo de descenso bastante empinado, estrecho y resbaladizo que hemos tenido.

Después del recorrido matutino, hemos ido a comer al pub de ayer y luego, más coche hasta Arrochar. Si Lochgoilhead está en la punta de Loch Goil, Arrochar está en la de Loch Long. Es más grande y turística; incluso pasa por ella una carretera de doble sentido en bastante buen estado. Un lujo. Allí hemos aparcado y cogido un sendero hasta la vecina Ardgartan; luego tendríamos que volver por el mismo porque no habíamos encontrado ningún sendero circular que no fuera demasiado corto. Y resulta que sí los había, saliendo desde Ardgartan; pero no venían en nuestro folleto. En fin, hemos vuelto hasta Arrochar con idea de, si seguíamos con ganas de andar, bajar hasta Ardgartan con al coche y hacer un sendero circular. Pero lo cierto es que con los 20 km largos que llevábamos ya habíamos tenido bastante y, además, se iba haciendo tarde. Hemos ido a echar gasolina (Tereixa y la mujer de la gasolinera hablaban y se reían mucho mientras yo echaba, a saber qué dirían sobre mí) y más carretera hacia nuestro tercer destino del día: Inveraray, a orillas de Loch Fyne, el loch marino más grande de Escocia.

Íbamos allí con la única idea de cenar en The George Hotel, que tenía muy buenas críticas en las webs. Pero nos hemos encontrado con un pueblo bastante bonito, con un puente muy llamativo (por lo empinado) a la entrada, un pequeño paseo marítimo y una iglesia bastante mona. Iglesia que pertenece a la Iglesia Episcopal de Escocia, pero se la prestan a los católicos para que hagan una misa a la semana. Parece que se llevan bien, oye.

El monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial y, al fondo, el puente

Después de recorrer un poco el pueblo, hemos ido a cenar y nos hemos encontrado con la sorpresa de que los dos camareros que nos han atendido eran dos hermanos de Vigo. Los paisanos de Tereixa nos han tratado muy bien y la comida también ha sido muy buena, así que hemos estado encantados. Hemos podido charlar un ratito más con el chico, que lleva allí cuatro años; ya se ha echado una novia escocesa y tiene un niño, y todo, mientras que su hermana acaba de llegar porque, claro, en casa no encuentra trabajo. Dos más de los muchos emigrantes españoles que hay por el mundo. Y los dos con ganas de volver a Galicia, pero pocas esperanzas, aunque el chaval nos decía que las últimas elecciones le daban algunas. A ver qué pasa.

Y ya a casita, que se nos hacía tarde; en serio, nunca llegamos a casa a las nueve y media, como hoy. Ha sido un día bien aprovechado. Nuestro último día en Escocia. Mañana ya saldremos hacia Inglaterra, donde pasaremos los últimos dos días antes de volver a España. Esto se va terminando.

martes, 2 de junio de 2015

Por el monte

La entrada de hoy va a ser un poco más corta que otras veces. No es que ya no os quiera, ni que hayamos tenido un día aburrido. Es que se cuenta con menos palabras. Para compensar, pondré más fotos, como esta de algunos habitantes de la que hoy ha sido nuestra casa (donde hemos tenido algunos problemas con las tarjetas de crédito para pagar), puestos en formación para despedirnos.

Tampoco hemos desayunado huevos de pato

Como ya os conté ayer, nuestro primer plan para hoy consistía en dar algún paseíto por las cercanías de Pitlochry. Hemos sacado nuestro mapa de senderos y nos hemos decidido por uno cortito y sencillo, unas tres millas y media. La única dificultad ha estado en un sendero estrecho en el que teníamos que esquivar los abundantes restos orgánicos dejados por un rebaño de ovejas que nos había precedido, prueba que superamos con éxito.

En este tramo no había caca de rumiante

Ya estábamos cerca de Pichorrico, una vez pasado el pueblo de Moulin que daba nombre al camino, cuando hemos visto un indicador: Craigower 1.5 mi. Craigower era un mirador que habíamos visto en nuestro mapa. Pues oye: es un desvío de una horita, nada más... Con más cojones que cerebro, para allá que se han ido nuestros héroes, sin contar con que se perderían dos veces (la segunda fueron encaminados por unos amables jugadores del campo de golf que habían atravesado) y con que el mirador, claro, estaría en lo alto de un monte. Y la última media milla ha tenido un desnivel medio del 20 %. En fin, hemos llegado arriba echando el bofe, pero la vista ha merecido la pena

En el collado del fondo se atisbaba un monte que estaba a 75 km de nosotros

A todo esto, el Craigower solo es lo que en Escocia llaman una cima (top), con sus menos de 500 m de altura. A partir de 3000 pies de altura (914 m) las consideran montañas de verdad, o munros, nombre debido a Sir Hugh Munro, quien compiló la primera lista de tales montañas en Escocia. Son casi trescientas y tratar de subir a todas ellas es una afición bastante popular en el país.

Nosotros hemos subido un total de cero.

Al bajar de Craigower hemos vuelto a pasar por Moulin y nos hemos quedado a comer en el pub para, de paso, probar la cerveza local. En el pub del pueblo solo sirven la cerveza que hacen ellos mismos, de la que tienen cuatro variedades. Se puede visitar la cervecera a la hora de comer, pero a nosotros ya se nos iba haciendo tarde y no lo hemos hecho. Otra mala decisión.

Finalmente, hemos vuelto a Pitlochry después de recorrer el doble de la distancia que habíamos previsto al principio, y con más dificultades. Pero, como el tiempo ha sido bueno, pues mira qué bien. Y finalmente he podido comprar un cargador de móvil que funciona. Ya no tengo que gorronear el de Tereixa. Me siento una persona de pleno derecho.

Y ya hemos cogido el coche y puesto rumbo a nuestro destino de hoy: la zona de Loch Lomond. Hay una canción tradicional escocesa muy conocida que lleva el nombre del más extenso de todos los lochs; esta es la letra:
O you'll take the high road
And I'll take the low road
And I'll be in Scotland before you

For me and my true love
Will never meet again
By the bonnie, bonnie banks of Loch Lomond
En efecto, de aquí he cogido el título de este blog, para quienes no lo hayáis adivinado. Según la tradición, esta canción la compuso un soldado escocés moribundo en el siglo XVIII para expresar su dolor por no poder volver a su patria.

Nuestro camino ha seguido en parte una ruta ya conocida, recorriendo toda la ribera de Loch Tay, para llegar al parque nacional de Loch Lomond y los Trossachs. Estos últimos son una serie de valles al este de Loch Lomond que hizo famosos Sir Walter Scott en su novela Rob Roy. Pero nosotros nos hemos venido al otro lado del loch; concretamente, a orillas de Loch Goil. Que no es un lago, sino un entrante de mar. Muchos lochs son así; no me preguntéis por qué llaman a todos igual.

Por el camino hemos seguido viendo cosas que merecían la pena, como la catarata de Falloch, aunque no nos hemos acercado a ella.

Ahí va, qué chorrazo

Y ya estamos en la que será nuestra última casa en Escocia. Para mañana dan buen tiempo, sin lluvia (hasta ahora, mucho o poco, ha llovido todos los días); así que aprovecharemos para pasear por los bosques y los lochs. Ya os contaremos.

Una fotito de Loch Lomond para terminar

lunes, 1 de junio de 2015

Sutherland

Como nuestro viaje ya no podía seguir más hacia el norte (las Shetland las dejamos para mejor ocasión), tocaba empezar el viaje de vuelta hacia el sur. Para ello teníamos varias posibilidades; entre ellas, recorrer toda la costa norte escocesa para ver unas cuevas que nos había recomendado Stephen y luego bajar cruzando las Highlands hasta Skye o sus cercanías. Pero, finalmente, nos decidimos por volver a bajar por la A9, la mejor carretera, que baja por la costa oriental. Aunque esta vez, para no repetir tanto el camino, la primera parte ha sido un poco diferente de anteayer. Nos hemos despedido de nuestros anfitriones (humanos y no) y hemos cogido la carretera en dirección a John o' Groats.

Un par de ponis de las Shetland junto a nuestro hotelito

No es que tuviéramos mucho interés en volver allí; al fin y al cabo, no es más que unas cuantas tiendas y un café, y nosotros ya salíamos bien desayunados (si vais por la zona, alojaos en el Castle Arms Hotel; la wifi es mala, pero los dueños y el ambiente lo compensan). Lo que queríamos era bajar por la carretera que pasa por Wick. Y ha sido una buena idea, porque Wick es muy bonito. No hemos parado porque queríamos hacer más kilómetros, pero creo que deberíamos haberlo hecho. Hoy no teníamos prisa y el principal aliciente del día iba a ser lo que encontráramos por el camino.

En fin, hemos seguido hacia el sur y, en un momento dado, le he dicho a Tereixa que me apenaba dejar las Highlands sin haber visto el interior. Así que se ha puesto a buscar en el mapa y ha encontrado un desvío que parecía interesante. Al llegar a Helmsdale, hemos apagado el GPS y vuelto a la forma tradicional de viajar, con nuestra rubia gallega como navegante con su mapa.

La idea era seguir una carretera que salía de Helmsdale hacia el interior, paralela al río del mismo nombre. Con un solo carril, claro. Y con el río. Y las ovejas cruzando. Y no sé cuántos lochs. Y montañas, claro. Incluso unos cuantos ciervos, hemos visto. Esta foto la he sacado en el hotelito en que hemos parado a comer, donde solo estábamos nosotros (y la dueña, pero nos ha costado encontrarla). Sí, eso que se ve sobre la loma, delante del loch, es un ciervo.

No, no nos hemos comido a Bambi

Por si queréis seguir nuestra ruta en el mapa: de Helmsdale hemos ido junto al río hasta Kinbrace; luego, junto al río y loch Naver, hasta Altnaharra, donde hemos comido. Todo eso es zona de ríos trucheros y salmoneros, hemos visto muchos pescadores. De ahí hemos bajado hasta Lairg, la única localidad de cierta importancia en todo el camino, junto al precioso Loch Shin, donde hemos parado unos minutos pese a coincidir con uno de los escasos momentos de mal tiempo durante todo el recorrido.

Casi daban ganas de bañarse

Y luego hemos seguido la carretera (ya de doble sentido) que bordea Dornoch Firth por el sur, pasando or Ardgay antes de volver a la A9. En fin, después de pasar un par de días en Caithness y las Orcadas, hoy hemos hecho un buen recorrido por el interior de Sutherland, el condado que hay justo al sur.

Dornoch Firth, aunque estas fotos de naturaleza nunca hacen justicia al paisaje

Después solo nos quedaba ir por la A9 hasta donde vamos a dormir hoy: otra vez Pitlochry. El otro día nos quedamos con ganas de andar un poco más por estos bosques, así que hemos vuelto. Para recibirnos, no veáis la manta de agua que nos ha caído durante las últimas 50 millas de camino, más o menos. Y seguía cayendo, pero bien, al llegar a nuestra nueva casa. Donde nos esperaba... el perro. Hemos llamado varias veces a la puerta y solo contestaban sus ladridos desde dentro. Hemos intentado llamar por teléfono y solo salía el contestador. Hemos ido a preguntar a la casa de al lado, pero no había nadie. Así que hemos dejado una nota en la puerta y nos hemos ido a cenar a un restaurante cercano. En coche, porque seguía lloviendo a mares.

Cuando nos han sacado la cena, nos ha llamado la señora de la casa. Que lo sentía muchísimo y no sé qué más, porque no la oía bien. En fin, hemos cenado, hemos vuelto a la casa y allí nos estaba esperando. Al parecer, la pobre ha tenido una urgencia y nos ha dejado una nota en la puerta, metida en un sobre; pero ha pasado el cartero y ha metido el sobre por el buzón de la puerta. Y luego se lo ha comido el perro. Bueno, solo lo ha mordisqueado; ahí estaba el sobre cerrado con la nota dentro y los mordiscos del animalito. Que es bastante cariñoso, la verdad, pero le gusta ladrar de vez en cuando.

Ahora ya ha parado de llover. La casa está en un extremo del mismo Pitlochry, así que por la ventana estoy viendo los montes y el bosque. A ver si mañana no está muy embarrado y podemos salir a hacer un senderito.

domingo, 31 de mayo de 2015

Las islas Orcadas

Ya os conté ayer que no podíamos ir más al norte sin salir de Gran Bretaña, así que nos hemos salido. Hoy hemos cogido una excursión a las islas Orcadas. En inglés, Orkney; no Orkney Islands ni Orkneys (por lo general), pese a ser un archipiélago de 70 islas, 22 de ellas habitadas. Eso no quiere decir que sea grande: solo tiene 22 000 habitantes. 22 000 humanos, vaya, a quienes habría que añadir 111 000 vacas y 140 000 ovejas. En general hay mucho ganado en Escocia, más aún en las zonas menos pobladas como esta en la que estamos.

Esta mañana hemos desayunado bien por si acaso; hoy es domingo y en las Orcadas hay mucha gente muy religiosa, así que María José nos aconsejó no fiarnos de que trabajaran en los locales de comidas. Bueno, y también por vicio, claro. Y luego nos hemos abrigado bien porque la previsión meteorológica era pésima. Había un temporal atravesando las Islas Británicas que nos iba a pillar justo durante la excursión. Esperábamos que no fuera para tanto, pero <SPOILER ALERT> lo ha sido. A todo esto, hoy he probado el Marmite en el desayuno y he sobrevivido.

Bien, el caso es que hemos salido a las 8:15 hacia John o' Groats para coger allí el ferry. El tiempo aún no era malo, para los estándares escoceses, pero todos íbamos en la cubierta cerrada del barco. Mirando por la ventana, a ver si había suerte y veíamos alguna foca o algún cetáceo, pero no. Aunque sí muchas gaviotas y cormoranes que buscaban su desayuno en el mar.

Lo único pintoresco de John o' Groats; el resto, todo tiendas

En el ferry, para variar, un montón de alemanes. Casi no estamos viendo españoles; pero alemanes, a montón. Cosas de la crisis, supongo. Al llegar a Burwick, ya en las islas, nos esperaba Stuart, nuestro chófer y guía. Un chico joven bastante simpático que nos ha contado mil cosas sobre las islas por el camino con su peculiar acento. Por ejemplo, que suele hacer mucho viento, superando a veces a los 200 km/h (!), gracias a lo cual tienen las únicas ovejas volantes del mundo. Y han podido inventar el extreme golf, porque no sabes si la bola que has golpeado no va a volver y darte en la cara. Esto escribió un tal Hugh Marwick sobre el clima de las islas:
To adopt a Stevensonian phrase, the climate of Orkney is one of the vilest under heaven. It is perennially swept by high winds, frequently reaching hurricane force, rarely and only for short intervals lulling to a calm. For the most part also, they come rain-laden and the usual colour of the sky overhead is a dull grey that makes the grim insular landscape look grimmer and more sterile still. This effect is intensified by the almost total absence of trees. At the same latitude east in Norway, and west across in America, the winter cold is far more intense and yet tall trees flourish; but, unless somehow protected, no tree seems able to brave the biting saline blasts of Orkney.
Teniendo en cuenta la previsión, que ya se iba cumpliendo, no nos tranquilizaba mucho.

Algunas de las islas Orcadas están muy cerca unas de otras y, de hecho, hoy día están unidas por la llamada Barrera de Churchill. En las Orcadas está Scapa Flow, un gran puerto natural que usaba la Marina británica. Para protegerlo de posibles ataques de los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, hundieron un montón de barcos en las poco profundas aguas de los canales que separaban las islas. Pero un submarino alemán consiguió eludir los cascos hundidos y llegar a Scapa Flow, hundiendo el destructor Royal Oak y matando a más de 800 de sus tripulantes. Ante ese golpe, Churchill decidió cerrar los canales del todo, construyendo barreras que los atravesaran y, de paso, sirvieran como puentes entre las islas. Y ese uso siguen teniendo hoy día. Los constructores de las barreras fueron, sobre todo, prisioneros de guerra italianos. En principio se negaron a colaborar, invocando la Convención de Ginebra (que prohíbe usar prisioneros en el esfuerzo de guerra); sin embargo, un par de semanas de ayuno forzoso les hicieron ver las cosas de otra manera. La barrera no es la única huella que dejaron los italianos en las Orcadas, pero ya volveremos a esto más tarde.

Pasando por la barrera cruzamos algunas islas y llegamos a la principal, que tiene el original nombre de Mainland. Y en ella hicimos la primera parada, en la capital: Kirkwall.  Fue una parada de solo media horita, ya volveríamos por la tarde. Pero, como hacia bastante mal tiempo ya, la pasamos tomando té en un bar muy majete que encontramos, The Reel. No es solo un bar, sino también una sala de conciertos, escuela de música y algunas cosas más que llevan dos hermanas.

Un rato más tarde hemos hecho la primera parada de verdad en el bonito pueblo de Stromness. De verdad nos ha parecido bonito, pero el tiempo empezaba a ser asqueroso. Hemos dado una vuelta durante unos diez minutos y, cuando nos hemos mojado lo suficiente, nos hemos metido a comer en un pub. Una sopita y medio plato cada uno, que habíamos desayunado bien. Pues menos mal que hemos pedido medias raciones; desde luego, allí no dejan a la gente con hambre. Y tenían varias marcas de vino para elegir. Todas ellas de grifo. Nos hemos inclinado por la cerveza, ya que hoy no tenía que conducir.

Al volver al autobús, Stuart nos informa de que, por primera vez en su vida, le ha llamado el capitán del ferry. Que recortáramos la visita porque el estado de la mar era bastante malo y prefería volver antes. Así que nuestras paradas serían más breves durante el resto del día, lo que no era un gran problema por dos motivos:

- Al ser domingo, muchas tiendas estaban cerradas
- ¡Que hacía un día de mierda, joder, y no apetecía mucho estar a la intemperie!

En fin, seguimos camino hacia la parada estrella del día: el poblado neolítico de Skara Brae. Skara Brae tiene una característica que lo hace único: después de ser abandonado hacia 2500 a. C., los fuertes vientos de la zona hicieron que lo cubriera la arena por completo, de manera que se ha conservado casi intacto hasta su descubrimiento (gracias a otro temporal, que retiró parte de la arena) a mediados del s. XIX. El poblado consiste en una decena de casas, una de las cuales parece un taller y todas las demás, viviendas. Hay una réplica de una de las viviendas para que los visitantes puedan entrar y hacerse una idea de cómo era estar en una de ellas, y luego se llega al poblado, en el que las casas se ven desde arriba. Desde arriba y sin entrar en ellas, pero desde al ladito mismo. Es muy llamativo ver lo bien organizadas que estaban hace ya 5000 años en un lugar donde la civilización no estaba especialmente avanzada, en pleno neolítico. Tenían incluso muebles, como armarios empotrados y alacenas en las casas. Y seguro que habría disfrutado mucho más de la visita si no hubiera sido por el tiempo tan malo. Aquí ya no ha parado de llover, con mucho viento y una temperatura bastante baja.

Y eso que aún no existía IKEA

Tereixa se ha ido bastante hipotérmica hacia el centro de visitantes, pero yo aún he estado allí un ratito más y luego he ido a Skaill House, la casa de los antiguos dueños del terreno, entre ellos el que descubrió Skara Brae. La visita de la casa es mucho menos interesante, pero mucho más agradable con esa climatología. Eso sí, la he hecho perseguido por un grupo de alemanes que iban recorriéndola con su guía. Cuando llegaban a una habitación me tenía que salir porque no cabíamos todos.

A todo esto: la entrada a Skara Brae (que incluye la visita a Skaill House) no va incluida en el tour, pero sí en el Explorer Pass.

Después hemos seguido con las visitas prehistóricas, empezando por el anillo de Brodgar. Es un henge como el más famoso de Stonehenge, aunque contemporáneo a Skara Brae y, por tanto, bastante anterior al otro. Sin embargo, no se conserva tan bien, aunque todavía quedan bastantes piedras en pie. Lo que, una vez más, habríamos apreciado mejor con otro tiempo. En este caso, lo malo era lo embarrado del terreno.

Y esta era una de las zonas más practicables

Y los demás sitios ya los hemos visto desde el autobús: las piedras verticales de Stenness y el cairn de Maes Howe. De paso, una estructura muy posterior: el único bosque de las Orcadas. En las islas apenas hay árboles porque el viento se los carga, pero los victorianos decidieron plantar un pequeño bosque de robles canadienses. En fin, ahí está el bosquecillo.

Finalmente hemos vuelto a Kirkwall, aunque reduciendo la visita de dos a una hora, suficiente para ver la muy interesante catedral de San Magnus, gótica temprana, y el cercano palacio episcopal que, sin embargo, no hemos visitado porque no nos hemos dado cuenta de que estaba ahí.

Un excelente lugar para guarecerse de la lluvia

Lo hemos visto cuando hemos vuelto de tomar otro té en The Reel, contentos al ver que el tiempo mejoraba y casi había parado de llover. Pero ya era hora de irse, pese a que la puerta del autobús aún estaba cerrada. Al final hemos ido a que nos abrieran y entonces nos hemos dado cuenta de que no era nuestro autobús. Hemos preguntado al conductor y nos ha dicho que el nuestro se había marchado hacía cinco minutos. Cosa que nos ha molestado más porque habíamos sido puntuales, incluso habíamos llegado algunos minutos antes de la hora convenida. De todos modos, este autobús también iba a coger el mismo ferry que nosotros y tenía alguna plaza libre, así que nos llevaría. Lo malo es que era un grupo exclusivamente alemán, con guía en ese idioma, y no iban a hacer nuestra última visita: la Capilla Italiana.

Ya os he dicho antes que los italianos habían dejado algo más que la Barrera de Churchill. Si pensabais que me refería a que habían confraternizado con las lugareñas, estabais equivocados: me refería a esta capilla. Los prisioneros pidieron tener una capilla y se accedió a que la pudieran construir; pero ocurrió que entre ellos había un artista, Domenico Chiocchetti, que hizo el diseño general, varias esculturas (con los escasos materiales de que disponía) y algunas pinturas. El resultado fue la única estructura usada por los prisioneros que sobrevivió la guerra, y que luego ha sido motivo de amistad entre las Orcadas y la zona de Italia de la que procedía Chiocchetti, quien luego volvió varias veces con su familia, invitado por los orcadianos. Pero no la pudimos ver más que desde la carretera. Viajando con los turistas alemanes que nos habían perseguido durante todo el día.

Finalmente, dimos caza a nuestro autobús original al llegar al puerto del ferry. Tereixa pudo recuperar su guía, que dejaba para marcar nuestros asientos, y recibimos las excusas de Stuart, quien nos explicó que había algunos viajeros que se quedaban en Kirkwall y pensaba que estábamos entre ellos. Bueno, decidimos no ir a quejarnos ni pedir que nos devolvieran parte del dinero por la parte de la visita que nos perdimos, pero tampoco le dimos propina.

En fin, Tereixa estaba demasiado contenta al recuperar su libro y meterse en el ferry como para enfadarse demasiado. La pobre seguía teniendo mucho frío y estábamos bastante mojados. Después de un viaje bastante divertido en el ferry (divertido en el sentido en que lo es una montaña rusa), llegamos a John o' Groats y conseguí que mi compañera me hiciera una foto junto al poste kilométrico antes de salir disparados al coche y al hotel para cambiarse de ropa. La mía se había secado mejor.

Hay otro poste más famoso, pero allí hay que pagar por hacerse la foto

Y aquí seguimos. Después de otra buena cena en un salón bastante menos lleno que ayer, aquí me tenéis, bebiendo whisky de malta y escribiendo esta entrada. Nuestra anfitriona, que es toda una fuerza de la naturaleza, ya se ha ido a dormir y solo queda su marido en la barra, charlando con otro huésped del hotel. Mañana nos levantaremos un poco más tarde y empezaremos el camino de vuelta hacia el sur.

sábado, 30 de mayo de 2015

Cruzando las Highlands

Hoy no voy a daros la brasa con lo que vi hace dieciséis años, porque entonces no pasamos de Inverness. En cambio hoy, después de dejar la habitación, lo primero que hemos hecho ha sido tirar hacia el norte. Destino: Mey, en la costa septentrional escocesa. A sólo siete millas de John o' Groats, el pueblo erróneamente considerado por muchos como el más septentrional de la isla de Gran Bretaña; realmente es Dunnet Head, que también está aquí al lado. John o' Groats sí es un extremo del trayecto más largo que se puede hacer en la isla (el otro es Land's End, en Cornualles). En cualquier caso, estamos en la puntita de Gran Bretaña. Pero voy a contaros cómo hemos llegado a este sitio donde estoy viendo un increíble atardecer mientras ponen a los Moody Blues por la radio.

Para seguir hacia el norte desde Inverness solo hay una carretera decente: la A9, que es la que hemos ido siguiendo desde Edimburgo, salvo el desvío a Glasgow. Y no creáis que pasa por ninguna urbe. Por aquí solo hay pueblos pequeños. Las localidades más grandes son Wick y Thurso (el final de la A9), ninguna de las cuales llega a los 8000 habitantes. Pero hay algún pueblecito pintoresco y, sobre todo, un paisaje espectacular. Aunque, al ir la carretera por la costa, no hemos cruzado las montañas que caracterizan las Highlands. Por si alguien se llama a error, no son montañas muy altas: pocas superan los 1000 metros de altura, y no por mucho. Pero es un terreno muy escarpado.

En fin, que hemos parado unas cuantas veces por el camino. La primera parada ha sido Tain, el burgo real más septentrional de Escocia según nuestra guía; pero es falso, ese honor corresponde a Wick. De todos modos, como burgo real tiene algunos edificios históricos, pero hoy estaban cerrados. Su museo y recinto histórico, Tain Through Time, abre los sábados... a partir de junio. Y hoy es 30 de mayo. En fin, nos hemos mezclado con la juventud del pueblo (me sentía un chavalín en comparación con la población local), hemos paseado un poquito y nos hemos marchado. Poco éxito, la verdad.

La siguiente parada ha ido mejor. Nos hemos detenido en Dornoch, que tiene una catedral gótica bastante interesante. Además, hemos caminado por los alrededores del pueblo hasta el mar. Y hemos visto el lugar donde quemaron la última bruja de Escocia, hace casi trescientos años.

La piedra que veis en esta foto, al fondo, marca el sitio exacto donde quemaron a la pobre bruja

Luego, para entrar un poco en calor, nos hemos tomado un té en un café en el que éramos los únicos que no bebían cerveza o whisky. Yo tenía que conducir, y Tereixa suele solidarizarse conmigo y no bebe tampoco cuando yo no puedo. Pero nos hemos sentido observados.

La siguiente escala ha sido en Golspie, un pueblo atravesado por la carretera. Tiene una playa bastante larga y, por suerte, hemos tenido bastante sol durante la parada. Así que hemos dado un paseo, hemos buscado focas sin éxito, hemos comido en un fish & chips y hemos tenido al final una interesante conversación con un paisano. Al menos, hasta el momento en que hemos dejado de entenderle (lo que llevaba en el termo no parecía agua). Casi no nos deja irnos, el señor Angus. Pero oye, hacía bueno y se estaba bien al sol.

A todo esto, no sabemos si el señor se llamaba realmente Angus o no. Pero señor Angus y señora Maggie han sido nuestros nombres para el escocés estándar durante el viaje. Frases típicas nuestras:

- Pregúntale al señor Angus cuánto vale la entrada.
- Deja pasar a la señora Maggie o te arreará con el paraguas.

Ya no hemos parado más hasta nuestro destino, aunque en los últimos kilómetros hemos tenido la satisfacción de circular por alguna de nuestras queridas carreteras de un solo carril; aunque solo nos hemos cruzado con un coche, hemos ido como reyes. Nuestro hotelito es bastante apañado. La habitación no es la bomba, pero está bien, y tiene un bar-comedor muy majo. Así que yo me he venido a echar una pinta mientras Tereixa se quedaba en la habitación a ver la final de la Copa de Escocia. Dice que cuando el Caley Thistle ha metido el 2-1 definitivo ha pegado un brinco como si lo hubiera marcado el Celta. Hoy habrá fiesta en Inverness.

Luego, aprovechando que los días son muy largos, nos hemos ido a dar una vuelta por los alrededores del pueblo. Hemos ido hasta el castillo de Mey, donde la difunta reina madre británica solía pasar algunas temporadas; luego hasta la costa, desde donde veíamos las cercanas islas Orcadas; y después hemos subido saludando a la población local. Aquí me tenéis charlando con una señora que se ha acercado un ratito.

¿Qué tal está usted, señora Maggie?

Y ya de vuelta a cenar al hotel. Casi no nos pueden dar, porque el restaurante estaba a reventar (es sábado), pero al final hemos cenado bastante bien. Y acabo esto con The Spirit of Radio en los altavoces y el dueño esperando que me vaya para cerrar e irse a dormir. Así que buenas noches también a vosotros.

viernes, 29 de mayo de 2015

Loch Ness

Esta mañana, al levantarme, Tereixa me ha dicho: "Tenemos 7ºC de temperatura y sensación térmica de 3ºC". Bueno, por algo no me he traído el bañador. El clima escocés, sobre todo en las Highlands, es tirando a fresquete. Pero lo cierto es que hemos tenido bastante sol durante todo el día. Naturalmente, ha habido algunos chaparrones, ratos de cielo cubierto con viento... Pero hemos podido disfrutar de buenos ratos de solecito. No podemos quejarnos demasiado por ese lado.

Otro potente desayuno y hacia nuestra primera visita del día, el castillo de Urquhart (pronunciado arkart, más o menos, con las dos aes cerradas). 14 millas en línea recta desde nuestra casa. Pero recta del todo: solo hemos tenido que seguir nuestra calle hasta la entrada del castillo. O así habría sido si no hubiéramos tenido que dar media vuelta a mitad de camino porque nos habíamos dejado los pases en casa. Nadie es perfecto.

El castillo de Urquhart es muy popular por varias razones; la principal, por estar sobre un entrante de tierra en el lago Ness. Sin embargo, pese al gran número de visitantes que tiene, está en ruinas. No por el paso del tiempo, sino porque sus últimos defensores escoceses decidieron abandonarlo, no sin antes volarlo para evitar que los ingleses lo utilizarán como fortaleza. De todos modos, es una visita interesante; sobre todo, si hace buen tiempo, porque las vistas sobre el lago son magníficas. Por cierto, la chica que nos ha cogido las entradas era española. No estamos viendo muchos emigrantes españoles por Escocia.

Tiempo escoces: sol, pero mira lo que está cayendo por ahí

Supongo que el avezado lector ya supuso ayer que el río Ness que pasa por Inverness saldría de Loch Ness. En efecto, el lago está bastante cerca de la ciudad. Esto contribuye a que Inverness tenga una temperatura bastante constante durante el año. Fresca en verano, sí, pero no tan fría como podría parecer en invierno, cuando las temperaturas mínimas no bajan mucho de los 0ºC. Esto se debe a la gran cantidad de agua del Loch y su relativamente escasa superficie (es muy profundo).  Cuesta mucho enfriar el agua del lago. Como la gran mayoría de los lochs escoceses, Loch Ness es una falla rellena de agua; tiene unos 40 km de largo y nunca pasa de los 800 m de ancho.

A todo esto, Loch Ness también tiene su canción famosa. El lago que se menciona en Roundabout, la canción de Yes, es este. La letra hace referencia a un viaje de vuelta a Londres después de un concierto en Inverness.

Como os decía antes, hemos tenido buen tiempo, con mucho sol, pero también con algunos chubascos. Hemos llegado a la conclusión de que, si la previsión del tiempo dice, por ejemplo, 40 % de lluvia entre las once y las doce, no significa que haya un 40 % de probabilidad de que llueva, sino que lloverá durante el 40 % del tiempo. Pero bueno, con los chubasqueros y las capuchas, sin problema.

Después del castillo hemos decidido ir a otro lugar también interesante, pero menos popular: Fort George. Es una fortaleza militar del siglo XVIII situada al otro lado de Inverness, junto a la ría de Moray (Firth of Moray). Es interesante ver cómo había cambiado la arquitectura militar desde la época de los castillos. Fort George está situado también en la punta de una península, pero con la intención de defenderse de posibles ataques desde tierra.

Un poquito de historia. En 1745 los jacobitas, partidarios de los Estuardo (tomaban su nombre del depuesto rey Jacobo VII), liderados por el joven y popular Bonnie Prince Charlie, se enfrentaron a las tropas reales en la batalla de Culloden, donde sufrieron una tremenda derrota. Puesto que los jacobitas eran, en su mayoría, escoceses de las Highlands, aunque también había highlanders en las tropas reales (Escocia e Inglaterra ya llevaban tiempo unidas), a esta batalla siguió una fuerte represión en Escocia, llegándose a prohibir el uso del tartán o tocar la gaita, por ejemplo. Y, como estructura defensiva ante la siguiente rebelión, se decidió construir Fort George (llamado así por el rey de la época, Jorge II). De lo que no se habían dado cuenta es de que la derrota de Culloden había destrozado a los jacobitas, que ya no volvieron a rebelarse nunca más y acabaron quedando en algo anecdótico (como los carlistas en España, más o menos). La batalla de Culloden fue la última librada sobre suelo británico hasta la fecha. Así que se construyó una maravilla de la ingeniería militar para nada.

Charles Edward Stuart, conocido como Bonnie Prince Charlie (el guapo príncipe Charlie), es un personaje curioso. Lideró en su juventud una revuelta que terminó en escabechina y ya no volvió a hacer nada reseñable hasta su muerte, muchos años después. Sin embargo, su popularidad no ha decaído en Escocia y se le ha recordado en canciones y leyendas románticas. Cosas de la vida.

Volvamos al fuerte. Un siglo después de su construcción vivió un resurgimiento ante la amenaza de una invasión por parte de Francia, en la época de Napoleón III. Si, en origen, se había situado junto a la ría para reducir la posible línea de ataque desde tierra, ahora se pensó en usarlo frente a un posible ataque marítimo. Así que se colocaron cañones para barrer la ría desde la fortaleza. Pero esta invasión tampoco se produjo y Fort George siguió sin usarse en combate. Claro que todo esto ha servido para que haya llegado hasta nuestros días en perfecto estado. De hecho, sigue teniendo un cierto uso militar. Hay una guarnición en él y se utiliza para el adiestramiento de reclutas y como sede del regimiento de los Highlanders (hoy ya solo batallón). En fin, una visita bastante interesante también, sobre todo si tener el Explorer Pass; si no, la entrada es un poco cara.

La muralla no es bajita; es que el fuerte es muy grande

Ah, hoy por fin se ha librado la primera batalla en Fort George. Tereixa se ha metido por el pasillo de uno de los cañones y una gaviota se ha puesto bastante agresiva con ella; suponemos que había puesto sus huevos por las cercanías. La escaramuza ha terminado con la retirada de nuestra rubia gallega, que llevaba las de perder en el enfrentamiento.

Con todo esto se nos han hecho las cinco de la tarde. El fuerte es muy grande y da para mucho rato. Así que nos hemos ido y, para contento de Tereixa, hemos coincidido con unos fornidos muchachotes que se estaban haciendo fotos en ropa deportiva. Parecían ser un equipo de rugby del ejército. Tereixa ha intentado alistarse, pero, al parecer, no daba la talla mínima.

Y ya hemos vuelto a casa para dejar el coche y salir a dar una vuelta por Inverness. La capital de las Highlands es una pequeña ciudad de unos 60000 habitantes, pero con bastantes edificios interesantes y un paseo por el río bastante bonito (id abrigados, de todos modos). Claro que todo estaba cerrado a estas horas, lo hemos visto por fuera. Y también, en muchos edificios y escaparates, carteles improvisados que decían Good luck ICT y cosas parecidas. Ignorábamos quién o qué era el tal ICT. Hasta que en otro escaparate hemos visto We support Caley Thistle y hemos caído. Se referían al Inverness Caledonian Thistle, popularmente conocido como Caley Thistle, el equipo de fútbol de la ciudad. Por primera vez en su historia han llegado a la final de la Copa de Escocia y tienen la ciudad revolucionada. Hoy ya hemos visto a bastante gente vestida con los colores del club, y eso que la final se juega mañana. Hay carteles con los jugadores del equipo colgados de las farolas y todo. En fin, seguro que es un espectáculo ver los pubs mañana, durante el partido.

Pero nosotros ya no estaremos. Hemos ido a un pub a cenar por última vez aquí antes de seguir camino aún más hacia el norte mañana. Hasta entonces.

¿Qué es un blog de viajes sin una foto de comida?

jueves, 28 de mayo de 2015

Dando vueltas a Pichorrico

Como sabéis, no hemos podido quedarnos más días en la zona de Pitlochry porque nuestro hotelito estaba completo. Sí, podíamos haber ido a otro, pero... no sé, no habría sido lo mismo. Quien sabe, tal vez volvamos antes de acabar nuestro viaje.

Nos hemos levantado y hemos bajado para el mejor desayuno del viaje. O a mí me lo ha parecido. El de Glasgow fue igual de bueno, probablemente, pero el saloncito donde nos lo han servido, con vistas a las montañas, le daba mil vueltas al otro, que era el típico salón de hotel en un sótano. Y ya hemos abandonado la habitación para ir hacia el mismo Pitlochry, que está a unas diez millas.

Lo único que queríamos hacer allí era ir a la destilería Edradour. En el mismo Pitlochry hay otras destilerías, como la de Bell's, y no digamos ya en el resto de Escocia. Pero tenía muy buen recuerdo de mi anterior visita a la de Edradour y, además, recordaba que habíamos ido dando un paseo por el monte. Así que hemos ido a pedir un mapa de senderos a la oficina de turismo y, en efecto, ahí estaba marcado el que buscábamos, junto con ocho o nueve más. Es una buena zona para el senderismo.

Nos hemos perdido un poco por el camino, pero hemos llegado justo a tiempo para una de las visitas guiadas. Nos hemos perdido, entre otras cosas, por lo bonito del paisaje; especialmente, el río Edradour, junto al que discurre buena parte del sendero. Así que no ha sido tiempo perdido.

Una cascada junto al río Edradour

Bueno, el caso es que nos hemos unido a la gente que esperaba para completar grupo de cara a la visita. La mayoría, alemanes, aunque también había estadounidenses, canadienses e incluso dos escoceses. La destilería sigue siendo la misma que antes, aunque ha aumentado el personal dedicado a las visitas y la tienda. Se ha hecho bastante popular, llega la gente incluso en autobuses.

La visita cuesta £7,50, pero incluye dos chupitos de whisky de malta y, de regalo, un vaso bastante bonito. Además de durar una hora larga viendo todo el proceso de fabricación del whisky en la destilería tradicional más pequeña de Escocia. Creo que solo trabajan tres personas en la elaboración del whisky. Aunque, como os decía, unas cuantas más atendiendo las visitas y llevando la tienda, donde hemos comprado una botellita cada uno. Quien se porte bien tal vez tendrá oportunidad de probarlo. Si le echa coca-cola, saldrá por el balcón, eso sí.

Distintos tipos de barricas y distintas añadas de whisky

Después hemos vuelto a coger el coche para ir al cercano Loch Tay. Por si no lo sabéis, loch es la palabra escocesa para lago y hoy día se usa también en inglés para referirse a los lagos de Escocia. La CH en gaélico se pronuncia como nuestra J. Bien, el caso es que Loch Tay es uno de los lagos más grandes de Escocia y, dada su situación entre montañas, tal vez también uno de los más bonitos. Primero hemos ido hasta Kenmore, situada en el desaguadero del lago, de donde sale el río Tay. Si ya en la destilería hemos tenido un tiempo variable, a partir de este momento ha sido directamente caótico. En cinco minutos se pasaba de sol y calorcito a cielo cubierto y lluvia, y viceversa. Al llegar a Kenmore llovía y hacia viento, así que nos hemos metido en un café a comer algo ligerito. Tereixa ha aprovechado también para leer el periódico local (donde venían noticias tan interesantes como las tribulaciones de una mujer tras pasar un trance resumido en este titular: Woman snorted my mom's ashes). Y también su guía, donde recomendaban visitar el cercano pueblo de Fortingall, que describían como uno de los más bonitos de Escocia por sus casas con tejado de paja.

Lo cierto es que no es para tanto. La mayoría de las casas tienen techos de pizarra, aunque quedan algunas con el tejado tradicional de paja. Y también es interesante el tejo plantado en el cementerio de la iglesia, descrito allí como "tal vez el árbol más viejo del mundo", con unos 5000 años de edad. Aunque en otras partes de la misma iglesia reducen la cifra a 3000 años y hemos leído como edad más realista la de 2000 años. En cualquier caso, es un árbol muy viejo que ha sobrevivido la estupidez de los coleccionistas de recuerdos, que han arrancado buena parte de él y han reducido bastante su tamaño.

Ahora está vallado para protegerlo de los memos

Después de Fortingall, en vista de que el tiempo seguía cambiando cada poco rato, hemos decidido hacer una excursión en coche, a lo largo del río Lyon hasta Glenlyon. Once millas por carretera de un solo carril, lo que nos ha obligado a hacer algunas maniobras complicadas cuando nos cruzábamos con otro coche. Pero lo cierto es que ha sido muy bonito, por la carretera entre (y bajo) árboles y el río al lado. Al llegar a Glenlyon, hemos cruzado un puente y cogido otra carretera que nos devolvería al lago. Carretera aún más estrecha y revirada que la anterior, aunque al principio casi más bonita, especialmente en el tramo en que el río se ensancha formando un loch. Claro que ese rato ha coincidido con el peor tiempo. Ha habido un momento en que he tenido que dar marcha atrás para dejar paso a otro coche, con fuerte lluvia y los cristales empañados, bastante delicado. No realmente peligroso, pero había que ir con cuidado.

Finalmente hemos vuelto al Loch Tay, aunque cerca ya del otro extremo. Era hora de salir hacia el lugar donde íbamos a dormir: Inverness, la capital de las Highlands. Hemos completado el círculo de nuevo hasta Fortingall, pero esta vez hemos atravesado el pueblo y seguido por carreteritas estrechas (aunque un poco menos que las de un rato antes, pese a que seguían siendo de un carril)) hasta coger de nuevo la A9, la carretera que viene desde Edimburgo, pasando por Stirling y Pitlochry (y luego sigue hasta Thurso, en la costa norte).  En total, unas dos horas de carretera infernal, pero muy bonita. Y aquí hemos venido a ver cosas, no a viajar deprisa :)

Hemos llegado a Inverness con sol y buen tiempo, aunque pronto se ha estropeado, claro. Nuestra nueva casa está muy bien, una vez más. Hemos dado un paseo hasta el centro y cruzado el río Ness por una pasarela que a Tereixa le daba un poco de miedo. Sólo porque temblaba al andar, ya veis qué cosa. Y el río bajaba crecido. Pero hemos llegado enteros al otro lado. Nuestro plan, para variar: encontrar un pub para comer. Pero en Inverness no hay muchos. O, al menos, son un poco diferentes: o no tienen comida, o son más tipo restaurante. Al final hemos cenado bastante bien en uno de estos. Y vuelta a casa, que el día ha sido duro. Mañana os contaré qué hacemos por el lago Ness.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Pichorrico

Anoche, antes de dormir, decidimos que era buena idea pasar la siguiente noche en Pitlochry. Yo tenía buen recuerdo de cuando estuve hace dieciséis años y está bien situado en el camino hacia las Highlands. Habréis notado que a veces hago referencia a ese viaje. En agosto de 1999 hice un viaje por Escocia con mi novia, Raquel, y otra pareja de amigos nuestros, José Luis y María José. Hoy, nuestros amigos están casados y son respetables padres de familia; Raquel y yo, en cambio, ya hace cuatro años que no estamos juntos. Pero seguimos siendo todos amigos, ¿eh? De hecho, creo que José Luis y Raquel leen este blog y seguro que se les ponen los dientes largos recordando aquel viaje :)

Esta mañana nos hemos levantado y, al bajar a desayunar, nos hemos encontrado con la agradable sorpresa de tener un buen desayuno escocés. Que es prácticamente igual que el desayuno inglés; cuando algo recibe en cada sitio el nombre del propio país, buena señal. Bien, una señora nos dijo en Inverness (hace dieciséis años, sí) que el desayuno escocés era totalmente diferente porque la salchicha que ponían era distinta. Pues bueno, pues vale. El caso es que nosotros hemos decidido ponernos como el tenazas para no pasar hambre en un buen rato. Éxito total.

Teníamos aún pendiente la visita a la catedral de Glasgow; o, más bien, antigua catedral de Glasgow. La Iglesia de Escocia, que es la oficial aquí (igual que en Inglaterra lo es la Iglesia de Inglaterra, o Anglicana), es presbiteriana. Esto significa que no tienen obispos ni cargos de ningún tipo por encima del presbítero, así que no hay catedrales. La que fue catedral en la Edad Media hoy se usa como simple lugar histórico con algunas funciones litúrgicas. Sí hemos visto en ella algunos diáconos que enseñaban el edificio a grupos de escolares.

La catedral es bastante grande y necesita una buena limpieza, aunque por lo demás está bien conservada. Tiene excelentes vidrieras y es un buen ejemplo de arquitectura gótica. En ella está la tumba (vacía) de San Kentigern, más conocido como San Mungo, patrón de la ciudad. No, San Mungo no es un invento de JK Rowling. La escritora escocesa tomó muchos elementos de su país para las novelas de Harry Potter. En fin, Glasgow no es gran cosa (ya, María José, ya sé que no estás de acuerdo :)), aunque tiene algunas calles bonitas; pero su catedral merece la pena. Y la entrada es gratis.

Aquí no se aprecia mucho, pero la piedra está bastante negra

Y, ya que estáis, también vale la pena echar un vistazo al también gratuito museo religioso de San Mungo, que está al lado. Es un edificio moderno y lo que contiene, en su mayoría, también lo es. Pero no se trata de un museo al uso para contener los objetos artísticos de la catedral; está dedicado a todas las confesiones y pretende mostrar el hecho religioso desde todas las perspectivas. Como pone en la puerta, pretende ser interesante para personas de todas las religiones, o de ninguna.

La diosa hindú Shiva se echa un bailecito

Al acabar de ver el museo nos hemos tomado un cafecito en su cafetería, que es bastante barata, y hemos vuelto a nuestra residencia para coger el coche y salir hacia nuestro siguiente destino: el castillo de Doune. Está cerca del de Stirling, pero no se parecen en nada. Este sí es un castillo propiamente dicho, consistente en un edificio fortificado con su patio. La entrada, de £5 (gratis con el Explorer Pass) incluye la audioguia, uno de los puntos fuertes de la visita. En este castillo se rodó buena parte de la primera película de Monty Python, Los caballeros de la tabla cuadrada (Monty Python and the Holy Grail en el original), así que han cogido a Terry Jones para hacer la narración. No solo explica muy bien la función de cada estancia y la vida en el castillo, sino también qué partes de la peli se rodaron en cada sitio. Es interesante y divertida. La pena es que hoy el tiempo ha empezado a ser más escocés, así que llovía y hacía fresco. Pero la visita vale mucho la pena. Y hay poca gente.

Tereixa amenazó con ir diciendo 'Ni' por todo el castillo

Después, como aún teníamos tiempo, hemos ido a ver la catedral de la cercana Dunblane. Esta pequeña ciudad es famosa por dos cosas: la catedral y la matanza. En 1996, un pirado mató a un profesor y dieciséis alumnos de la escuela local. Dentro de la catedral hay un pequeño monolito que los recuerda, pero el edificio es interesante por sí mismo. Más pequeña que la de Glasgow, pero igualmente bonita y más limpia. Además, el diácono que la atendía en ese momento era un hombre muy majo. Si vais al castillo de Doune, aprovechad para acercaros.

El memorial de Dunblane

Y ya hemos salido hacia Pitlochry, o Pichorrico, como la llamaba mi amigo José Luis. La carretera es bastante buena, con muchos tramos de autovía, así que nos iba a costar poco llegar. Pero en esto que hemos visto un cartel que indicaba una Ruta turística de Pitlochry. Ya que hemos venido a ver cosas, vayamos por esa carretera y no por la principal. Seguramente habría sido una buena opción de no ser porque, al cabo de unos kilómetros, se cortaba. Hay obras esta semana y cortan la carretera a determinadas horas. Así que hemos cogido el primer desvío, una carretera de un solo carril (es decir: si viene un coche de frente, uno de los dos tiene que hacerse a un lado como pueda para que pase el otro). Y hemos vuelto a poner el GPS para que nos devolviera a la ruta principal. Lo malo es que nos hemos hecho un lío con él y lo hemos dejado en modo evitar las autovías. Total, que hemos pasado unos tres cuartos de hora por carreteras infernales en medio de la lluvia. El paisaje era muy bonito, eso sí. Creo.

Bueno, al final hemos llegado a nuestro destino. Hemos cogido habitación en una casa en medio del campo, a unas cuantas millas de Pitlochry. Total, la ciudad en sí no nos interesa demasiado; lo bonito de aquí son los alrededores. Y la casa nos ha encantado. Tanto que hemos preguntado en seguida si podríamos quedarnos una noche más. Mala suerte: la noche siguiente está completa. Jo, qué pena.

En fin, hemos bajado a cenar a un restaurante cercano, junto al río. Por aquí pasa el río Tay, que es el desagüe del cercano Loch Tay. Es un río bastante impetuoso, como demuestra el hecho de que se usa para hacer competiciones de piragüismo en aguas bravas. Al cruzar el puente hemos visto las puertas de slalom sobre el río. Luego, como no habíamos comido nada desde el desayuno, hemos cenado un poco más fuerte que en los días anteriores. Una vez más, bajando la edad media del local. Estamos observando que en la Gran Bretaña rural los jubilados son muy aficionados a salir y comer fuera de casa. Esto daba al restaurante un cierto aire decadente muy agradable.

Esas rayitas verticales a la derecha del río son las puertas para el piragüismo

Y ya nos hemos vuelto para casa. Hoy, en lugar de escribir desde nuestra habitación, lo estoy haciendo desde el cenador de la casa. Todavía entra luz natural por el tejado de cristal y la lluvia repiquetea con fuerza. Jo, estoy por preguntar si no me pueden bajar la cama aquí. ¡Hasta mañana!