domingo, 31 de mayo de 2015

Las islas Orcadas

Ya os conté ayer que no podíamos ir más al norte sin salir de Gran Bretaña, así que nos hemos salido. Hoy hemos cogido una excursión a las islas Orcadas. En inglés, Orkney; no Orkney Islands ni Orkneys (por lo general), pese a ser un archipiélago de 70 islas, 22 de ellas habitadas. Eso no quiere decir que sea grande: solo tiene 22 000 habitantes. 22 000 humanos, vaya, a quienes habría que añadir 111 000 vacas y 140 000 ovejas. En general hay mucho ganado en Escocia, más aún en las zonas menos pobladas como esta en la que estamos.

Esta mañana hemos desayunado bien por si acaso; hoy es domingo y en las Orcadas hay mucha gente muy religiosa, así que María José nos aconsejó no fiarnos de que trabajaran en los locales de comidas. Bueno, y también por vicio, claro. Y luego nos hemos abrigado bien porque la previsión meteorológica era pésima. Había un temporal atravesando las Islas Británicas que nos iba a pillar justo durante la excursión. Esperábamos que no fuera para tanto, pero <SPOILER ALERT> lo ha sido. A todo esto, hoy he probado el Marmite en el desayuno y he sobrevivido.

Bien, el caso es que hemos salido a las 8:15 hacia John o' Groats para coger allí el ferry. El tiempo aún no era malo, para los estándares escoceses, pero todos íbamos en la cubierta cerrada del barco. Mirando por la ventana, a ver si había suerte y veíamos alguna foca o algún cetáceo, pero no. Aunque sí muchas gaviotas y cormoranes que buscaban su desayuno en el mar.

Lo único pintoresco de John o' Groats; el resto, todo tiendas

En el ferry, para variar, un montón de alemanes. Casi no estamos viendo españoles; pero alemanes, a montón. Cosas de la crisis, supongo. Al llegar a Burwick, ya en las islas, nos esperaba Stuart, nuestro chófer y guía. Un chico joven bastante simpático que nos ha contado mil cosas sobre las islas por el camino con su peculiar acento. Por ejemplo, que suele hacer mucho viento, superando a veces a los 200 km/h (!), gracias a lo cual tienen las únicas ovejas volantes del mundo. Y han podido inventar el extreme golf, porque no sabes si la bola que has golpeado no va a volver y darte en la cara. Esto escribió un tal Hugh Marwick sobre el clima de las islas:
To adopt a Stevensonian phrase, the climate of Orkney is one of the vilest under heaven. It is perennially swept by high winds, frequently reaching hurricane force, rarely and only for short intervals lulling to a calm. For the most part also, they come rain-laden and the usual colour of the sky overhead is a dull grey that makes the grim insular landscape look grimmer and more sterile still. This effect is intensified by the almost total absence of trees. At the same latitude east in Norway, and west across in America, the winter cold is far more intense and yet tall trees flourish; but, unless somehow protected, no tree seems able to brave the biting saline blasts of Orkney.
Teniendo en cuenta la previsión, que ya se iba cumpliendo, no nos tranquilizaba mucho.

Algunas de las islas Orcadas están muy cerca unas de otras y, de hecho, hoy día están unidas por la llamada Barrera de Churchill. En las Orcadas está Scapa Flow, un gran puerto natural que usaba la Marina británica. Para protegerlo de posibles ataques de los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, hundieron un montón de barcos en las poco profundas aguas de los canales que separaban las islas. Pero un submarino alemán consiguió eludir los cascos hundidos y llegar a Scapa Flow, hundiendo el destructor Royal Oak y matando a más de 800 de sus tripulantes. Ante ese golpe, Churchill decidió cerrar los canales del todo, construyendo barreras que los atravesaran y, de paso, sirvieran como puentes entre las islas. Y ese uso siguen teniendo hoy día. Los constructores de las barreras fueron, sobre todo, prisioneros de guerra italianos. En principio se negaron a colaborar, invocando la Convención de Ginebra (que prohíbe usar prisioneros en el esfuerzo de guerra); sin embargo, un par de semanas de ayuno forzoso les hicieron ver las cosas de otra manera. La barrera no es la única huella que dejaron los italianos en las Orcadas, pero ya volveremos a esto más tarde.

Pasando por la barrera cruzamos algunas islas y llegamos a la principal, que tiene el original nombre de Mainland. Y en ella hicimos la primera parada, en la capital: Kirkwall.  Fue una parada de solo media horita, ya volveríamos por la tarde. Pero, como hacia bastante mal tiempo ya, la pasamos tomando té en un bar muy majete que encontramos, The Reel. No es solo un bar, sino también una sala de conciertos, escuela de música y algunas cosas más que llevan dos hermanas.

Un rato más tarde hemos hecho la primera parada de verdad en el bonito pueblo de Stromness. De verdad nos ha parecido bonito, pero el tiempo empezaba a ser asqueroso. Hemos dado una vuelta durante unos diez minutos y, cuando nos hemos mojado lo suficiente, nos hemos metido a comer en un pub. Una sopita y medio plato cada uno, que habíamos desayunado bien. Pues menos mal que hemos pedido medias raciones; desde luego, allí no dejan a la gente con hambre. Y tenían varias marcas de vino para elegir. Todas ellas de grifo. Nos hemos inclinado por la cerveza, ya que hoy no tenía que conducir.

Al volver al autobús, Stuart nos informa de que, por primera vez en su vida, le ha llamado el capitán del ferry. Que recortáramos la visita porque el estado de la mar era bastante malo y prefería volver antes. Así que nuestras paradas serían más breves durante el resto del día, lo que no era un gran problema por dos motivos:

- Al ser domingo, muchas tiendas estaban cerradas
- ¡Que hacía un día de mierda, joder, y no apetecía mucho estar a la intemperie!

En fin, seguimos camino hacia la parada estrella del día: el poblado neolítico de Skara Brae. Skara Brae tiene una característica que lo hace único: después de ser abandonado hacia 2500 a. C., los fuertes vientos de la zona hicieron que lo cubriera la arena por completo, de manera que se ha conservado casi intacto hasta su descubrimiento (gracias a otro temporal, que retiró parte de la arena) a mediados del s. XIX. El poblado consiste en una decena de casas, una de las cuales parece un taller y todas las demás, viviendas. Hay una réplica de una de las viviendas para que los visitantes puedan entrar y hacerse una idea de cómo era estar en una de ellas, y luego se llega al poblado, en el que las casas se ven desde arriba. Desde arriba y sin entrar en ellas, pero desde al ladito mismo. Es muy llamativo ver lo bien organizadas que estaban hace ya 5000 años en un lugar donde la civilización no estaba especialmente avanzada, en pleno neolítico. Tenían incluso muebles, como armarios empotrados y alacenas en las casas. Y seguro que habría disfrutado mucho más de la visita si no hubiera sido por el tiempo tan malo. Aquí ya no ha parado de llover, con mucho viento y una temperatura bastante baja.

Y eso que aún no existía IKEA

Tereixa se ha ido bastante hipotérmica hacia el centro de visitantes, pero yo aún he estado allí un ratito más y luego he ido a Skaill House, la casa de los antiguos dueños del terreno, entre ellos el que descubrió Skara Brae. La visita de la casa es mucho menos interesante, pero mucho más agradable con esa climatología. Eso sí, la he hecho perseguido por un grupo de alemanes que iban recorriéndola con su guía. Cuando llegaban a una habitación me tenía que salir porque no cabíamos todos.

A todo esto: la entrada a Skara Brae (que incluye la visita a Skaill House) no va incluida en el tour, pero sí en el Explorer Pass.

Después hemos seguido con las visitas prehistóricas, empezando por el anillo de Brodgar. Es un henge como el más famoso de Stonehenge, aunque contemporáneo a Skara Brae y, por tanto, bastante anterior al otro. Sin embargo, no se conserva tan bien, aunque todavía quedan bastantes piedras en pie. Lo que, una vez más, habríamos apreciado mejor con otro tiempo. En este caso, lo malo era lo embarrado del terreno.

Y esta era una de las zonas más practicables

Y los demás sitios ya los hemos visto desde el autobús: las piedras verticales de Stenness y el cairn de Maes Howe. De paso, una estructura muy posterior: el único bosque de las Orcadas. En las islas apenas hay árboles porque el viento se los carga, pero los victorianos decidieron plantar un pequeño bosque de robles canadienses. En fin, ahí está el bosquecillo.

Finalmente hemos vuelto a Kirkwall, aunque reduciendo la visita de dos a una hora, suficiente para ver la muy interesante catedral de San Magnus, gótica temprana, y el cercano palacio episcopal que, sin embargo, no hemos visitado porque no nos hemos dado cuenta de que estaba ahí.

Un excelente lugar para guarecerse de la lluvia

Lo hemos visto cuando hemos vuelto de tomar otro té en The Reel, contentos al ver que el tiempo mejoraba y casi había parado de llover. Pero ya era hora de irse, pese a que la puerta del autobús aún estaba cerrada. Al final hemos ido a que nos abrieran y entonces nos hemos dado cuenta de que no era nuestro autobús. Hemos preguntado al conductor y nos ha dicho que el nuestro se había marchado hacía cinco minutos. Cosa que nos ha molestado más porque habíamos sido puntuales, incluso habíamos llegado algunos minutos antes de la hora convenida. De todos modos, este autobús también iba a coger el mismo ferry que nosotros y tenía alguna plaza libre, así que nos llevaría. Lo malo es que era un grupo exclusivamente alemán, con guía en ese idioma, y no iban a hacer nuestra última visita: la Capilla Italiana.

Ya os he dicho antes que los italianos habían dejado algo más que la Barrera de Churchill. Si pensabais que me refería a que habían confraternizado con las lugareñas, estabais equivocados: me refería a esta capilla. Los prisioneros pidieron tener una capilla y se accedió a que la pudieran construir; pero ocurrió que entre ellos había un artista, Domenico Chiocchetti, que hizo el diseño general, varias esculturas (con los escasos materiales de que disponía) y algunas pinturas. El resultado fue la única estructura usada por los prisioneros que sobrevivió la guerra, y que luego ha sido motivo de amistad entre las Orcadas y la zona de Italia de la que procedía Chiocchetti, quien luego volvió varias veces con su familia, invitado por los orcadianos. Pero no la pudimos ver más que desde la carretera. Viajando con los turistas alemanes que nos habían perseguido durante todo el día.

Finalmente, dimos caza a nuestro autobús original al llegar al puerto del ferry. Tereixa pudo recuperar su guía, que dejaba para marcar nuestros asientos, y recibimos las excusas de Stuart, quien nos explicó que había algunos viajeros que se quedaban en Kirkwall y pensaba que estábamos entre ellos. Bueno, decidimos no ir a quejarnos ni pedir que nos devolvieran parte del dinero por la parte de la visita que nos perdimos, pero tampoco le dimos propina.

En fin, Tereixa estaba demasiado contenta al recuperar su libro y meterse en el ferry como para enfadarse demasiado. La pobre seguía teniendo mucho frío y estábamos bastante mojados. Después de un viaje bastante divertido en el ferry (divertido en el sentido en que lo es una montaña rusa), llegamos a John o' Groats y conseguí que mi compañera me hiciera una foto junto al poste kilométrico antes de salir disparados al coche y al hotel para cambiarse de ropa. La mía se había secado mejor.

Hay otro poste más famoso, pero allí hay que pagar por hacerse la foto

Y aquí seguimos. Después de otra buena cena en un salón bastante menos lleno que ayer, aquí me tenéis, bebiendo whisky de malta y escribiendo esta entrada. Nuestra anfitriona, que es toda una fuerza de la naturaleza, ya se ha ido a dormir y solo queda su marido en la barra, charlando con otro huésped del hotel. Mañana nos levantaremos un poco más tarde y empezaremos el camino de vuelta hacia el sur.

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