domingo, 31 de mayo de 2015

Las islas Orcadas

Ya os conté ayer que no podíamos ir más al norte sin salir de Gran Bretaña, así que nos hemos salido. Hoy hemos cogido una excursión a las islas Orcadas. En inglés, Orkney; no Orkney Islands ni Orkneys (por lo general), pese a ser un archipiélago de 70 islas, 22 de ellas habitadas. Eso no quiere decir que sea grande: solo tiene 22 000 habitantes. 22 000 humanos, vaya, a quienes habría que añadir 111 000 vacas y 140 000 ovejas. En general hay mucho ganado en Escocia, más aún en las zonas menos pobladas como esta en la que estamos.

Esta mañana hemos desayunado bien por si acaso; hoy es domingo y en las Orcadas hay mucha gente muy religiosa, así que María José nos aconsejó no fiarnos de que trabajaran en los locales de comidas. Bueno, y también por vicio, claro. Y luego nos hemos abrigado bien porque la previsión meteorológica era pésima. Había un temporal atravesando las Islas Británicas que nos iba a pillar justo durante la excursión. Esperábamos que no fuera para tanto, pero <SPOILER ALERT> lo ha sido. A todo esto, hoy he probado el Marmite en el desayuno y he sobrevivido.

Bien, el caso es que hemos salido a las 8:15 hacia John o' Groats para coger allí el ferry. El tiempo aún no era malo, para los estándares escoceses, pero todos íbamos en la cubierta cerrada del barco. Mirando por la ventana, a ver si había suerte y veíamos alguna foca o algún cetáceo, pero no. Aunque sí muchas gaviotas y cormoranes que buscaban su desayuno en el mar.

Lo único pintoresco de John o' Groats; el resto, todo tiendas

En el ferry, para variar, un montón de alemanes. Casi no estamos viendo españoles; pero alemanes, a montón. Cosas de la crisis, supongo. Al llegar a Burwick, ya en las islas, nos esperaba Stuart, nuestro chófer y guía. Un chico joven bastante simpático que nos ha contado mil cosas sobre las islas por el camino con su peculiar acento. Por ejemplo, que suele hacer mucho viento, superando a veces a los 200 km/h (!), gracias a lo cual tienen las únicas ovejas volantes del mundo. Y han podido inventar el extreme golf, porque no sabes si la bola que has golpeado no va a volver y darte en la cara. Esto escribió un tal Hugh Marwick sobre el clima de las islas:
To adopt a Stevensonian phrase, the climate of Orkney is one of the vilest under heaven. It is perennially swept by high winds, frequently reaching hurricane force, rarely and only for short intervals lulling to a calm. For the most part also, they come rain-laden and the usual colour of the sky overhead is a dull grey that makes the grim insular landscape look grimmer and more sterile still. This effect is intensified by the almost total absence of trees. At the same latitude east in Norway, and west across in America, the winter cold is far more intense and yet tall trees flourish; but, unless somehow protected, no tree seems able to brave the biting saline blasts of Orkney.
Teniendo en cuenta la previsión, que ya se iba cumpliendo, no nos tranquilizaba mucho.

Algunas de las islas Orcadas están muy cerca unas de otras y, de hecho, hoy día están unidas por la llamada Barrera de Churchill. En las Orcadas está Scapa Flow, un gran puerto natural que usaba la Marina británica. Para protegerlo de posibles ataques de los submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, hundieron un montón de barcos en las poco profundas aguas de los canales que separaban las islas. Pero un submarino alemán consiguió eludir los cascos hundidos y llegar a Scapa Flow, hundiendo el destructor Royal Oak y matando a más de 800 de sus tripulantes. Ante ese golpe, Churchill decidió cerrar los canales del todo, construyendo barreras que los atravesaran y, de paso, sirvieran como puentes entre las islas. Y ese uso siguen teniendo hoy día. Los constructores de las barreras fueron, sobre todo, prisioneros de guerra italianos. En principio se negaron a colaborar, invocando la Convención de Ginebra (que prohíbe usar prisioneros en el esfuerzo de guerra); sin embargo, un par de semanas de ayuno forzoso les hicieron ver las cosas de otra manera. La barrera no es la única huella que dejaron los italianos en las Orcadas, pero ya volveremos a esto más tarde.

Pasando por la barrera cruzamos algunas islas y llegamos a la principal, que tiene el original nombre de Mainland. Y en ella hicimos la primera parada, en la capital: Kirkwall.  Fue una parada de solo media horita, ya volveríamos por la tarde. Pero, como hacia bastante mal tiempo ya, la pasamos tomando té en un bar muy majete que encontramos, The Reel. No es solo un bar, sino también una sala de conciertos, escuela de música y algunas cosas más que llevan dos hermanas.

Un rato más tarde hemos hecho la primera parada de verdad en el bonito pueblo de Stromness. De verdad nos ha parecido bonito, pero el tiempo empezaba a ser asqueroso. Hemos dado una vuelta durante unos diez minutos y, cuando nos hemos mojado lo suficiente, nos hemos metido a comer en un pub. Una sopita y medio plato cada uno, que habíamos desayunado bien. Pues menos mal que hemos pedido medias raciones; desde luego, allí no dejan a la gente con hambre. Y tenían varias marcas de vino para elegir. Todas ellas de grifo. Nos hemos inclinado por la cerveza, ya que hoy no tenía que conducir.

Al volver al autobús, Stuart nos informa de que, por primera vez en su vida, le ha llamado el capitán del ferry. Que recortáramos la visita porque el estado de la mar era bastante malo y prefería volver antes. Así que nuestras paradas serían más breves durante el resto del día, lo que no era un gran problema por dos motivos:

- Al ser domingo, muchas tiendas estaban cerradas
- ¡Que hacía un día de mierda, joder, y no apetecía mucho estar a la intemperie!

En fin, seguimos camino hacia la parada estrella del día: el poblado neolítico de Skara Brae. Skara Brae tiene una característica que lo hace único: después de ser abandonado hacia 2500 a. C., los fuertes vientos de la zona hicieron que lo cubriera la arena por completo, de manera que se ha conservado casi intacto hasta su descubrimiento (gracias a otro temporal, que retiró parte de la arena) a mediados del s. XIX. El poblado consiste en una decena de casas, una de las cuales parece un taller y todas las demás, viviendas. Hay una réplica de una de las viviendas para que los visitantes puedan entrar y hacerse una idea de cómo era estar en una de ellas, y luego se llega al poblado, en el que las casas se ven desde arriba. Desde arriba y sin entrar en ellas, pero desde al ladito mismo. Es muy llamativo ver lo bien organizadas que estaban hace ya 5000 años en un lugar donde la civilización no estaba especialmente avanzada, en pleno neolítico. Tenían incluso muebles, como armarios empotrados y alacenas en las casas. Y seguro que habría disfrutado mucho más de la visita si no hubiera sido por el tiempo tan malo. Aquí ya no ha parado de llover, con mucho viento y una temperatura bastante baja.

Y eso que aún no existía IKEA

Tereixa se ha ido bastante hipotérmica hacia el centro de visitantes, pero yo aún he estado allí un ratito más y luego he ido a Skaill House, la casa de los antiguos dueños del terreno, entre ellos el que descubrió Skara Brae. La visita de la casa es mucho menos interesante, pero mucho más agradable con esa climatología. Eso sí, la he hecho perseguido por un grupo de alemanes que iban recorriéndola con su guía. Cuando llegaban a una habitación me tenía que salir porque no cabíamos todos.

A todo esto: la entrada a Skara Brae (que incluye la visita a Skaill House) no va incluida en el tour, pero sí en el Explorer Pass.

Después hemos seguido con las visitas prehistóricas, empezando por el anillo de Brodgar. Es un henge como el más famoso de Stonehenge, aunque contemporáneo a Skara Brae y, por tanto, bastante anterior al otro. Sin embargo, no se conserva tan bien, aunque todavía quedan bastantes piedras en pie. Lo que, una vez más, habríamos apreciado mejor con otro tiempo. En este caso, lo malo era lo embarrado del terreno.

Y esta era una de las zonas más practicables

Y los demás sitios ya los hemos visto desde el autobús: las piedras verticales de Stenness y el cairn de Maes Howe. De paso, una estructura muy posterior: el único bosque de las Orcadas. En las islas apenas hay árboles porque el viento se los carga, pero los victorianos decidieron plantar un pequeño bosque de robles canadienses. En fin, ahí está el bosquecillo.

Finalmente hemos vuelto a Kirkwall, aunque reduciendo la visita de dos a una hora, suficiente para ver la muy interesante catedral de San Magnus, gótica temprana, y el cercano palacio episcopal que, sin embargo, no hemos visitado porque no nos hemos dado cuenta de que estaba ahí.

Un excelente lugar para guarecerse de la lluvia

Lo hemos visto cuando hemos vuelto de tomar otro té en The Reel, contentos al ver que el tiempo mejoraba y casi había parado de llover. Pero ya era hora de irse, pese a que la puerta del autobús aún estaba cerrada. Al final hemos ido a que nos abrieran y entonces nos hemos dado cuenta de que no era nuestro autobús. Hemos preguntado al conductor y nos ha dicho que el nuestro se había marchado hacía cinco minutos. Cosa que nos ha molestado más porque habíamos sido puntuales, incluso habíamos llegado algunos minutos antes de la hora convenida. De todos modos, este autobús también iba a coger el mismo ferry que nosotros y tenía alguna plaza libre, así que nos llevaría. Lo malo es que era un grupo exclusivamente alemán, con guía en ese idioma, y no iban a hacer nuestra última visita: la Capilla Italiana.

Ya os he dicho antes que los italianos habían dejado algo más que la Barrera de Churchill. Si pensabais que me refería a que habían confraternizado con las lugareñas, estabais equivocados: me refería a esta capilla. Los prisioneros pidieron tener una capilla y se accedió a que la pudieran construir; pero ocurrió que entre ellos había un artista, Domenico Chiocchetti, que hizo el diseño general, varias esculturas (con los escasos materiales de que disponía) y algunas pinturas. El resultado fue la única estructura usada por los prisioneros que sobrevivió la guerra, y que luego ha sido motivo de amistad entre las Orcadas y la zona de Italia de la que procedía Chiocchetti, quien luego volvió varias veces con su familia, invitado por los orcadianos. Pero no la pudimos ver más que desde la carretera. Viajando con los turistas alemanes que nos habían perseguido durante todo el día.

Finalmente, dimos caza a nuestro autobús original al llegar al puerto del ferry. Tereixa pudo recuperar su guía, que dejaba para marcar nuestros asientos, y recibimos las excusas de Stuart, quien nos explicó que había algunos viajeros que se quedaban en Kirkwall y pensaba que estábamos entre ellos. Bueno, decidimos no ir a quejarnos ni pedir que nos devolvieran parte del dinero por la parte de la visita que nos perdimos, pero tampoco le dimos propina.

En fin, Tereixa estaba demasiado contenta al recuperar su libro y meterse en el ferry como para enfadarse demasiado. La pobre seguía teniendo mucho frío y estábamos bastante mojados. Después de un viaje bastante divertido en el ferry (divertido en el sentido en que lo es una montaña rusa), llegamos a John o' Groats y conseguí que mi compañera me hiciera una foto junto al poste kilométrico antes de salir disparados al coche y al hotel para cambiarse de ropa. La mía se había secado mejor.

Hay otro poste más famoso, pero allí hay que pagar por hacerse la foto

Y aquí seguimos. Después de otra buena cena en un salón bastante menos lleno que ayer, aquí me tenéis, bebiendo whisky de malta y escribiendo esta entrada. Nuestra anfitriona, que es toda una fuerza de la naturaleza, ya se ha ido a dormir y solo queda su marido en la barra, charlando con otro huésped del hotel. Mañana nos levantaremos un poco más tarde y empezaremos el camino de vuelta hacia el sur.

sábado, 30 de mayo de 2015

Cruzando las Highlands

Hoy no voy a daros la brasa con lo que vi hace dieciséis años, porque entonces no pasamos de Inverness. En cambio hoy, después de dejar la habitación, lo primero que hemos hecho ha sido tirar hacia el norte. Destino: Mey, en la costa septentrional escocesa. A sólo siete millas de John o' Groats, el pueblo erróneamente considerado por muchos como el más septentrional de la isla de Gran Bretaña; realmente es Dunnet Head, que también está aquí al lado. John o' Groats sí es un extremo del trayecto más largo que se puede hacer en la isla (el otro es Land's End, en Cornualles). En cualquier caso, estamos en la puntita de Gran Bretaña. Pero voy a contaros cómo hemos llegado a este sitio donde estoy viendo un increíble atardecer mientras ponen a los Moody Blues por la radio.

Para seguir hacia el norte desde Inverness solo hay una carretera decente: la A9, que es la que hemos ido siguiendo desde Edimburgo, salvo el desvío a Glasgow. Y no creáis que pasa por ninguna urbe. Por aquí solo hay pueblos pequeños. Las localidades más grandes son Wick y Thurso (el final de la A9), ninguna de las cuales llega a los 8000 habitantes. Pero hay algún pueblecito pintoresco y, sobre todo, un paisaje espectacular. Aunque, al ir la carretera por la costa, no hemos cruzado las montañas que caracterizan las Highlands. Por si alguien se llama a error, no son montañas muy altas: pocas superan los 1000 metros de altura, y no por mucho. Pero es un terreno muy escarpado.

En fin, que hemos parado unas cuantas veces por el camino. La primera parada ha sido Tain, el burgo real más septentrional de Escocia según nuestra guía; pero es falso, ese honor corresponde a Wick. De todos modos, como burgo real tiene algunos edificios históricos, pero hoy estaban cerrados. Su museo y recinto histórico, Tain Through Time, abre los sábados... a partir de junio. Y hoy es 30 de mayo. En fin, nos hemos mezclado con la juventud del pueblo (me sentía un chavalín en comparación con la población local), hemos paseado un poquito y nos hemos marchado. Poco éxito, la verdad.

La siguiente parada ha ido mejor. Nos hemos detenido en Dornoch, que tiene una catedral gótica bastante interesante. Además, hemos caminado por los alrededores del pueblo hasta el mar. Y hemos visto el lugar donde quemaron la última bruja de Escocia, hace casi trescientos años.

La piedra que veis en esta foto, al fondo, marca el sitio exacto donde quemaron a la pobre bruja

Luego, para entrar un poco en calor, nos hemos tomado un té en un café en el que éramos los únicos que no bebían cerveza o whisky. Yo tenía que conducir, y Tereixa suele solidarizarse conmigo y no bebe tampoco cuando yo no puedo. Pero nos hemos sentido observados.

La siguiente escala ha sido en Golspie, un pueblo atravesado por la carretera. Tiene una playa bastante larga y, por suerte, hemos tenido bastante sol durante la parada. Así que hemos dado un paseo, hemos buscado focas sin éxito, hemos comido en un fish & chips y hemos tenido al final una interesante conversación con un paisano. Al menos, hasta el momento en que hemos dejado de entenderle (lo que llevaba en el termo no parecía agua). Casi no nos deja irnos, el señor Angus. Pero oye, hacía bueno y se estaba bien al sol.

A todo esto, no sabemos si el señor se llamaba realmente Angus o no. Pero señor Angus y señora Maggie han sido nuestros nombres para el escocés estándar durante el viaje. Frases típicas nuestras:

- Pregúntale al señor Angus cuánto vale la entrada.
- Deja pasar a la señora Maggie o te arreará con el paraguas.

Ya no hemos parado más hasta nuestro destino, aunque en los últimos kilómetros hemos tenido la satisfacción de circular por alguna de nuestras queridas carreteras de un solo carril; aunque solo nos hemos cruzado con un coche, hemos ido como reyes. Nuestro hotelito es bastante apañado. La habitación no es la bomba, pero está bien, y tiene un bar-comedor muy majo. Así que yo me he venido a echar una pinta mientras Tereixa se quedaba en la habitación a ver la final de la Copa de Escocia. Dice que cuando el Caley Thistle ha metido el 2-1 definitivo ha pegado un brinco como si lo hubiera marcado el Celta. Hoy habrá fiesta en Inverness.

Luego, aprovechando que los días son muy largos, nos hemos ido a dar una vuelta por los alrededores del pueblo. Hemos ido hasta el castillo de Mey, donde la difunta reina madre británica solía pasar algunas temporadas; luego hasta la costa, desde donde veíamos las cercanas islas Orcadas; y después hemos subido saludando a la población local. Aquí me tenéis charlando con una señora que se ha acercado un ratito.

¿Qué tal está usted, señora Maggie?

Y ya de vuelta a cenar al hotel. Casi no nos pueden dar, porque el restaurante estaba a reventar (es sábado), pero al final hemos cenado bastante bien. Y acabo esto con The Spirit of Radio en los altavoces y el dueño esperando que me vaya para cerrar e irse a dormir. Así que buenas noches también a vosotros.

viernes, 29 de mayo de 2015

Loch Ness

Esta mañana, al levantarme, Tereixa me ha dicho: "Tenemos 7ºC de temperatura y sensación térmica de 3ºC". Bueno, por algo no me he traído el bañador. El clima escocés, sobre todo en las Highlands, es tirando a fresquete. Pero lo cierto es que hemos tenido bastante sol durante todo el día. Naturalmente, ha habido algunos chaparrones, ratos de cielo cubierto con viento... Pero hemos podido disfrutar de buenos ratos de solecito. No podemos quejarnos demasiado por ese lado.

Otro potente desayuno y hacia nuestra primera visita del día, el castillo de Urquhart (pronunciado arkart, más o menos, con las dos aes cerradas). 14 millas en línea recta desde nuestra casa. Pero recta del todo: solo hemos tenido que seguir nuestra calle hasta la entrada del castillo. O así habría sido si no hubiéramos tenido que dar media vuelta a mitad de camino porque nos habíamos dejado los pases en casa. Nadie es perfecto.

El castillo de Urquhart es muy popular por varias razones; la principal, por estar sobre un entrante de tierra en el lago Ness. Sin embargo, pese al gran número de visitantes que tiene, está en ruinas. No por el paso del tiempo, sino porque sus últimos defensores escoceses decidieron abandonarlo, no sin antes volarlo para evitar que los ingleses lo utilizarán como fortaleza. De todos modos, es una visita interesante; sobre todo, si hace buen tiempo, porque las vistas sobre el lago son magníficas. Por cierto, la chica que nos ha cogido las entradas era española. No estamos viendo muchos emigrantes españoles por Escocia.

Tiempo escoces: sol, pero mira lo que está cayendo por ahí

Supongo que el avezado lector ya supuso ayer que el río Ness que pasa por Inverness saldría de Loch Ness. En efecto, el lago está bastante cerca de la ciudad. Esto contribuye a que Inverness tenga una temperatura bastante constante durante el año. Fresca en verano, sí, pero no tan fría como podría parecer en invierno, cuando las temperaturas mínimas no bajan mucho de los 0ºC. Esto se debe a la gran cantidad de agua del Loch y su relativamente escasa superficie (es muy profundo).  Cuesta mucho enfriar el agua del lago. Como la gran mayoría de los lochs escoceses, Loch Ness es una falla rellena de agua; tiene unos 40 km de largo y nunca pasa de los 800 m de ancho.

A todo esto, Loch Ness también tiene su canción famosa. El lago que se menciona en Roundabout, la canción de Yes, es este. La letra hace referencia a un viaje de vuelta a Londres después de un concierto en Inverness.

Como os decía antes, hemos tenido buen tiempo, con mucho sol, pero también con algunos chubascos. Hemos llegado a la conclusión de que, si la previsión del tiempo dice, por ejemplo, 40 % de lluvia entre las once y las doce, no significa que haya un 40 % de probabilidad de que llueva, sino que lloverá durante el 40 % del tiempo. Pero bueno, con los chubasqueros y las capuchas, sin problema.

Después del castillo hemos decidido ir a otro lugar también interesante, pero menos popular: Fort George. Es una fortaleza militar del siglo XVIII situada al otro lado de Inverness, junto a la ría de Moray (Firth of Moray). Es interesante ver cómo había cambiado la arquitectura militar desde la época de los castillos. Fort George está situado también en la punta de una península, pero con la intención de defenderse de posibles ataques desde tierra.

Un poquito de historia. En 1745 los jacobitas, partidarios de los Estuardo (tomaban su nombre del depuesto rey Jacobo VII), liderados por el joven y popular Bonnie Prince Charlie, se enfrentaron a las tropas reales en la batalla de Culloden, donde sufrieron una tremenda derrota. Puesto que los jacobitas eran, en su mayoría, escoceses de las Highlands, aunque también había highlanders en las tropas reales (Escocia e Inglaterra ya llevaban tiempo unidas), a esta batalla siguió una fuerte represión en Escocia, llegándose a prohibir el uso del tartán o tocar la gaita, por ejemplo. Y, como estructura defensiva ante la siguiente rebelión, se decidió construir Fort George (llamado así por el rey de la época, Jorge II). De lo que no se habían dado cuenta es de que la derrota de Culloden había destrozado a los jacobitas, que ya no volvieron a rebelarse nunca más y acabaron quedando en algo anecdótico (como los carlistas en España, más o menos). La batalla de Culloden fue la última librada sobre suelo británico hasta la fecha. Así que se construyó una maravilla de la ingeniería militar para nada.

Charles Edward Stuart, conocido como Bonnie Prince Charlie (el guapo príncipe Charlie), es un personaje curioso. Lideró en su juventud una revuelta que terminó en escabechina y ya no volvió a hacer nada reseñable hasta su muerte, muchos años después. Sin embargo, su popularidad no ha decaído en Escocia y se le ha recordado en canciones y leyendas románticas. Cosas de la vida.

Volvamos al fuerte. Un siglo después de su construcción vivió un resurgimiento ante la amenaza de una invasión por parte de Francia, en la época de Napoleón III. Si, en origen, se había situado junto a la ría para reducir la posible línea de ataque desde tierra, ahora se pensó en usarlo frente a un posible ataque marítimo. Así que se colocaron cañones para barrer la ría desde la fortaleza. Pero esta invasión tampoco se produjo y Fort George siguió sin usarse en combate. Claro que todo esto ha servido para que haya llegado hasta nuestros días en perfecto estado. De hecho, sigue teniendo un cierto uso militar. Hay una guarnición en él y se utiliza para el adiestramiento de reclutas y como sede del regimiento de los Highlanders (hoy ya solo batallón). En fin, una visita bastante interesante también, sobre todo si tener el Explorer Pass; si no, la entrada es un poco cara.

La muralla no es bajita; es que el fuerte es muy grande

Ah, hoy por fin se ha librado la primera batalla en Fort George. Tereixa se ha metido por el pasillo de uno de los cañones y una gaviota se ha puesto bastante agresiva con ella; suponemos que había puesto sus huevos por las cercanías. La escaramuza ha terminado con la retirada de nuestra rubia gallega, que llevaba las de perder en el enfrentamiento.

Con todo esto se nos han hecho las cinco de la tarde. El fuerte es muy grande y da para mucho rato. Así que nos hemos ido y, para contento de Tereixa, hemos coincidido con unos fornidos muchachotes que se estaban haciendo fotos en ropa deportiva. Parecían ser un equipo de rugby del ejército. Tereixa ha intentado alistarse, pero, al parecer, no daba la talla mínima.

Y ya hemos vuelto a casa para dejar el coche y salir a dar una vuelta por Inverness. La capital de las Highlands es una pequeña ciudad de unos 60000 habitantes, pero con bastantes edificios interesantes y un paseo por el río bastante bonito (id abrigados, de todos modos). Claro que todo estaba cerrado a estas horas, lo hemos visto por fuera. Y también, en muchos edificios y escaparates, carteles improvisados que decían Good luck ICT y cosas parecidas. Ignorábamos quién o qué era el tal ICT. Hasta que en otro escaparate hemos visto We support Caley Thistle y hemos caído. Se referían al Inverness Caledonian Thistle, popularmente conocido como Caley Thistle, el equipo de fútbol de la ciudad. Por primera vez en su historia han llegado a la final de la Copa de Escocia y tienen la ciudad revolucionada. Hoy ya hemos visto a bastante gente vestida con los colores del club, y eso que la final se juega mañana. Hay carteles con los jugadores del equipo colgados de las farolas y todo. En fin, seguro que es un espectáculo ver los pubs mañana, durante el partido.

Pero nosotros ya no estaremos. Hemos ido a un pub a cenar por última vez aquí antes de seguir camino aún más hacia el norte mañana. Hasta entonces.

¿Qué es un blog de viajes sin una foto de comida?

jueves, 28 de mayo de 2015

Dando vueltas a Pichorrico

Como sabéis, no hemos podido quedarnos más días en la zona de Pitlochry porque nuestro hotelito estaba completo. Sí, podíamos haber ido a otro, pero... no sé, no habría sido lo mismo. Quien sabe, tal vez volvamos antes de acabar nuestro viaje.

Nos hemos levantado y hemos bajado para el mejor desayuno del viaje. O a mí me lo ha parecido. El de Glasgow fue igual de bueno, probablemente, pero el saloncito donde nos lo han servido, con vistas a las montañas, le daba mil vueltas al otro, que era el típico salón de hotel en un sótano. Y ya hemos abandonado la habitación para ir hacia el mismo Pitlochry, que está a unas diez millas.

Lo único que queríamos hacer allí era ir a la destilería Edradour. En el mismo Pitlochry hay otras destilerías, como la de Bell's, y no digamos ya en el resto de Escocia. Pero tenía muy buen recuerdo de mi anterior visita a la de Edradour y, además, recordaba que habíamos ido dando un paseo por el monte. Así que hemos ido a pedir un mapa de senderos a la oficina de turismo y, en efecto, ahí estaba marcado el que buscábamos, junto con ocho o nueve más. Es una buena zona para el senderismo.

Nos hemos perdido un poco por el camino, pero hemos llegado justo a tiempo para una de las visitas guiadas. Nos hemos perdido, entre otras cosas, por lo bonito del paisaje; especialmente, el río Edradour, junto al que discurre buena parte del sendero. Así que no ha sido tiempo perdido.

Una cascada junto al río Edradour

Bueno, el caso es que nos hemos unido a la gente que esperaba para completar grupo de cara a la visita. La mayoría, alemanes, aunque también había estadounidenses, canadienses e incluso dos escoceses. La destilería sigue siendo la misma que antes, aunque ha aumentado el personal dedicado a las visitas y la tienda. Se ha hecho bastante popular, llega la gente incluso en autobuses.

La visita cuesta £7,50, pero incluye dos chupitos de whisky de malta y, de regalo, un vaso bastante bonito. Además de durar una hora larga viendo todo el proceso de fabricación del whisky en la destilería tradicional más pequeña de Escocia. Creo que solo trabajan tres personas en la elaboración del whisky. Aunque, como os decía, unas cuantas más atendiendo las visitas y llevando la tienda, donde hemos comprado una botellita cada uno. Quien se porte bien tal vez tendrá oportunidad de probarlo. Si le echa coca-cola, saldrá por el balcón, eso sí.

Distintos tipos de barricas y distintas añadas de whisky

Después hemos vuelto a coger el coche para ir al cercano Loch Tay. Por si no lo sabéis, loch es la palabra escocesa para lago y hoy día se usa también en inglés para referirse a los lagos de Escocia. La CH en gaélico se pronuncia como nuestra J. Bien, el caso es que Loch Tay es uno de los lagos más grandes de Escocia y, dada su situación entre montañas, tal vez también uno de los más bonitos. Primero hemos ido hasta Kenmore, situada en el desaguadero del lago, de donde sale el río Tay. Si ya en la destilería hemos tenido un tiempo variable, a partir de este momento ha sido directamente caótico. En cinco minutos se pasaba de sol y calorcito a cielo cubierto y lluvia, y viceversa. Al llegar a Kenmore llovía y hacia viento, así que nos hemos metido en un café a comer algo ligerito. Tereixa ha aprovechado también para leer el periódico local (donde venían noticias tan interesantes como las tribulaciones de una mujer tras pasar un trance resumido en este titular: Woman snorted my mom's ashes). Y también su guía, donde recomendaban visitar el cercano pueblo de Fortingall, que describían como uno de los más bonitos de Escocia por sus casas con tejado de paja.

Lo cierto es que no es para tanto. La mayoría de las casas tienen techos de pizarra, aunque quedan algunas con el tejado tradicional de paja. Y también es interesante el tejo plantado en el cementerio de la iglesia, descrito allí como "tal vez el árbol más viejo del mundo", con unos 5000 años de edad. Aunque en otras partes de la misma iglesia reducen la cifra a 3000 años y hemos leído como edad más realista la de 2000 años. En cualquier caso, es un árbol muy viejo que ha sobrevivido la estupidez de los coleccionistas de recuerdos, que han arrancado buena parte de él y han reducido bastante su tamaño.

Ahora está vallado para protegerlo de los memos

Después de Fortingall, en vista de que el tiempo seguía cambiando cada poco rato, hemos decidido hacer una excursión en coche, a lo largo del río Lyon hasta Glenlyon. Once millas por carretera de un solo carril, lo que nos ha obligado a hacer algunas maniobras complicadas cuando nos cruzábamos con otro coche. Pero lo cierto es que ha sido muy bonito, por la carretera entre (y bajo) árboles y el río al lado. Al llegar a Glenlyon, hemos cruzado un puente y cogido otra carretera que nos devolvería al lago. Carretera aún más estrecha y revirada que la anterior, aunque al principio casi más bonita, especialmente en el tramo en que el río se ensancha formando un loch. Claro que ese rato ha coincidido con el peor tiempo. Ha habido un momento en que he tenido que dar marcha atrás para dejar paso a otro coche, con fuerte lluvia y los cristales empañados, bastante delicado. No realmente peligroso, pero había que ir con cuidado.

Finalmente hemos vuelto al Loch Tay, aunque cerca ya del otro extremo. Era hora de salir hacia el lugar donde íbamos a dormir: Inverness, la capital de las Highlands. Hemos completado el círculo de nuevo hasta Fortingall, pero esta vez hemos atravesado el pueblo y seguido por carreteritas estrechas (aunque un poco menos que las de un rato antes, pese a que seguían siendo de un carril)) hasta coger de nuevo la A9, la carretera que viene desde Edimburgo, pasando por Stirling y Pitlochry (y luego sigue hasta Thurso, en la costa norte).  En total, unas dos horas de carretera infernal, pero muy bonita. Y aquí hemos venido a ver cosas, no a viajar deprisa :)

Hemos llegado a Inverness con sol y buen tiempo, aunque pronto se ha estropeado, claro. Nuestra nueva casa está muy bien, una vez más. Hemos dado un paseo hasta el centro y cruzado el río Ness por una pasarela que a Tereixa le daba un poco de miedo. Sólo porque temblaba al andar, ya veis qué cosa. Y el río bajaba crecido. Pero hemos llegado enteros al otro lado. Nuestro plan, para variar: encontrar un pub para comer. Pero en Inverness no hay muchos. O, al menos, son un poco diferentes: o no tienen comida, o son más tipo restaurante. Al final hemos cenado bastante bien en uno de estos. Y vuelta a casa, que el día ha sido duro. Mañana os contaré qué hacemos por el lago Ness.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Pichorrico

Anoche, antes de dormir, decidimos que era buena idea pasar la siguiente noche en Pitlochry. Yo tenía buen recuerdo de cuando estuve hace dieciséis años y está bien situado en el camino hacia las Highlands. Habréis notado que a veces hago referencia a ese viaje. En agosto de 1999 hice un viaje por Escocia con mi novia, Raquel, y otra pareja de amigos nuestros, José Luis y María José. Hoy, nuestros amigos están casados y son respetables padres de familia; Raquel y yo, en cambio, ya hace cuatro años que no estamos juntos. Pero seguimos siendo todos amigos, ¿eh? De hecho, creo que José Luis y Raquel leen este blog y seguro que se les ponen los dientes largos recordando aquel viaje :)

Esta mañana nos hemos levantado y, al bajar a desayunar, nos hemos encontrado con la agradable sorpresa de tener un buen desayuno escocés. Que es prácticamente igual que el desayuno inglés; cuando algo recibe en cada sitio el nombre del propio país, buena señal. Bien, una señora nos dijo en Inverness (hace dieciséis años, sí) que el desayuno escocés era totalmente diferente porque la salchicha que ponían era distinta. Pues bueno, pues vale. El caso es que nosotros hemos decidido ponernos como el tenazas para no pasar hambre en un buen rato. Éxito total.

Teníamos aún pendiente la visita a la catedral de Glasgow; o, más bien, antigua catedral de Glasgow. La Iglesia de Escocia, que es la oficial aquí (igual que en Inglaterra lo es la Iglesia de Inglaterra, o Anglicana), es presbiteriana. Esto significa que no tienen obispos ni cargos de ningún tipo por encima del presbítero, así que no hay catedrales. La que fue catedral en la Edad Media hoy se usa como simple lugar histórico con algunas funciones litúrgicas. Sí hemos visto en ella algunos diáconos que enseñaban el edificio a grupos de escolares.

La catedral es bastante grande y necesita una buena limpieza, aunque por lo demás está bien conservada. Tiene excelentes vidrieras y es un buen ejemplo de arquitectura gótica. En ella está la tumba (vacía) de San Kentigern, más conocido como San Mungo, patrón de la ciudad. No, San Mungo no es un invento de JK Rowling. La escritora escocesa tomó muchos elementos de su país para las novelas de Harry Potter. En fin, Glasgow no es gran cosa (ya, María José, ya sé que no estás de acuerdo :)), aunque tiene algunas calles bonitas; pero su catedral merece la pena. Y la entrada es gratis.

Aquí no se aprecia mucho, pero la piedra está bastante negra

Y, ya que estáis, también vale la pena echar un vistazo al también gratuito museo religioso de San Mungo, que está al lado. Es un edificio moderno y lo que contiene, en su mayoría, también lo es. Pero no se trata de un museo al uso para contener los objetos artísticos de la catedral; está dedicado a todas las confesiones y pretende mostrar el hecho religioso desde todas las perspectivas. Como pone en la puerta, pretende ser interesante para personas de todas las religiones, o de ninguna.

La diosa hindú Shiva se echa un bailecito

Al acabar de ver el museo nos hemos tomado un cafecito en su cafetería, que es bastante barata, y hemos vuelto a nuestra residencia para coger el coche y salir hacia nuestro siguiente destino: el castillo de Doune. Está cerca del de Stirling, pero no se parecen en nada. Este sí es un castillo propiamente dicho, consistente en un edificio fortificado con su patio. La entrada, de £5 (gratis con el Explorer Pass) incluye la audioguia, uno de los puntos fuertes de la visita. En este castillo se rodó buena parte de la primera película de Monty Python, Los caballeros de la tabla cuadrada (Monty Python and the Holy Grail en el original), así que han cogido a Terry Jones para hacer la narración. No solo explica muy bien la función de cada estancia y la vida en el castillo, sino también qué partes de la peli se rodaron en cada sitio. Es interesante y divertida. La pena es que hoy el tiempo ha empezado a ser más escocés, así que llovía y hacía fresco. Pero la visita vale mucho la pena. Y hay poca gente.

Tereixa amenazó con ir diciendo 'Ni' por todo el castillo

Después, como aún teníamos tiempo, hemos ido a ver la catedral de la cercana Dunblane. Esta pequeña ciudad es famosa por dos cosas: la catedral y la matanza. En 1996, un pirado mató a un profesor y dieciséis alumnos de la escuela local. Dentro de la catedral hay un pequeño monolito que los recuerda, pero el edificio es interesante por sí mismo. Más pequeña que la de Glasgow, pero igualmente bonita y más limpia. Además, el diácono que la atendía en ese momento era un hombre muy majo. Si vais al castillo de Doune, aprovechad para acercaros.

El memorial de Dunblane

Y ya hemos salido hacia Pitlochry, o Pichorrico, como la llamaba mi amigo José Luis. La carretera es bastante buena, con muchos tramos de autovía, así que nos iba a costar poco llegar. Pero en esto que hemos visto un cartel que indicaba una Ruta turística de Pitlochry. Ya que hemos venido a ver cosas, vayamos por esa carretera y no por la principal. Seguramente habría sido una buena opción de no ser porque, al cabo de unos kilómetros, se cortaba. Hay obras esta semana y cortan la carretera a determinadas horas. Así que hemos cogido el primer desvío, una carretera de un solo carril (es decir: si viene un coche de frente, uno de los dos tiene que hacerse a un lado como pueda para que pase el otro). Y hemos vuelto a poner el GPS para que nos devolviera a la ruta principal. Lo malo es que nos hemos hecho un lío con él y lo hemos dejado en modo evitar las autovías. Total, que hemos pasado unos tres cuartos de hora por carreteras infernales en medio de la lluvia. El paisaje era muy bonito, eso sí. Creo.

Bueno, al final hemos llegado a nuestro destino. Hemos cogido habitación en una casa en medio del campo, a unas cuantas millas de Pitlochry. Total, la ciudad en sí no nos interesa demasiado; lo bonito de aquí son los alrededores. Y la casa nos ha encantado. Tanto que hemos preguntado en seguida si podríamos quedarnos una noche más. Mala suerte: la noche siguiente está completa. Jo, qué pena.

En fin, hemos bajado a cenar a un restaurante cercano, junto al río. Por aquí pasa el río Tay, que es el desagüe del cercano Loch Tay. Es un río bastante impetuoso, como demuestra el hecho de que se usa para hacer competiciones de piragüismo en aguas bravas. Al cruzar el puente hemos visto las puertas de slalom sobre el río. Luego, como no habíamos comido nada desde el desayuno, hemos cenado un poco más fuerte que en los días anteriores. Una vez más, bajando la edad media del local. Estamos observando que en la Gran Bretaña rural los jubilados son muy aficionados a salir y comer fuera de casa. Esto daba al restaurante un cierto aire decadente muy agradable.

Esas rayitas verticales a la derecha del río son las puertas para el piragüismo

Y ya nos hemos vuelto para casa. Hoy, en lugar de escribir desde nuestra habitación, lo estoy haciendo desde el cenador de la casa. Todavía entra luz natural por el tejado de cristal y la lluvia repiquetea con fuerza. Jo, estoy por preguntar si no me pueden bajar la cama aquí. ¡Hasta mañana!

martes, 26 de mayo de 2015

Stirling

Hoy dejábamos Edimburgo (por cierto: Edinburgh no se pronuncia "Edimburg", sino algo como "Edimborah", con una o muy corta) para ir a la otra ciudad grande de Escocia: Glasgow. Que sí se pronuncia como cabría esperar, aunque en el dialecto escocés se viene a pronunciar Gleska. Así que esta mañana, durante el desayuno, hemos pensado qué podríamos hacer por el camino y nos hemos decidido por el castillo de Stirling, que coge casi a mitad de camino. En realidad, hay que desviarse un poco, pero no mucho. Y a eso le hemos añadido otro pequeño desvío porque yo quería cruzar el puente del Forth. Si miráis el mapa de Escocia, Edimburgo está justo debajo del estuario del Forth, o Firth of Forth. El título de la canción de Genesis Firth of Fifth es un juego de palabras con el nombre del estuario (¿que no la conoces? Venga, te la pongo aquí abajo; ve a oírla, que te espero). La idea para el día era: castillo de Stirling por la mañana y catedral de Glasgow por la tarde.


Si el solo de Steve Hackett no te pone la piel de gallina, no me vuelvas a hablar.

Bien, el caso es que hay dos puentes que cruzan el estuario desde Edimburgo: uno por ferrocarril y el otro por carretera. Están cerca uno del otro y son bastante espectaculares, así que me apetecía cruzar el de carretera y luego ir hacia Stirling por el norte del estuario, en lugar del sur. Sin embargo, una vez cruzado el puente, nuestro GPS insistía en que lo mejor era dar media vuelta y volver a cruzarlo. Así que lo hemos pasado dos veces. Y vale la pena, porque, como os he dicho antes, es muy espectacular. El ingeniero que aún llevo dentro lo ha pasado bien ese rato.

Bien, hemos seguido camino hacia Stirling, que estará a unas 30 millas de Edimburgo. Sí, ahora contamos en millas para no liarnos con las velocidades y las indicaciones de la carretera. El pueblo en sí es bonito, pero lo principal es, sin duda, el castillo. En realidad, otra fortaleza amurallada como el de Edimburgo, con varios edificios dentro del recinto. Lo recordaba más pequeño y alejado de la población, pero está en lo más alto de la misma y es muy grande. Stirling fue residencia real durante varios siglos, aunque, a diferencia del castillo de Edimburgo, ya no se usa con fines ceremoniales.

La entrada cuesta £14.50, pero no hemos tenido que pagar porque ayer compramos el Explorer Pass, que te permite ver un montón de atracciones en Escocia por £30 o £40, según cuántos días quieras usarlo. Nosotros cogimos los de £40, que nos servirán para todo el viaje. De momento, entre los dos castillos, ya hemos amortizado £30.

Una pequeña sección del castillo

Dentro del castillo, del que la foto solo cubre una pequeña sección, hay, como os decía antes, numerosos edificios y dependencias. Se pueden ver las estancias reales, donde unos actores representan el papel de sirvientes y explican cómo era la vida allí en el siglo XVI. También el Gran Salón, que se usó para dar grandes fiestas con el fin de potenciar la imagen de Escocia en el exterior. Por ejemplo: María Estuardo (Mary Queen of Scots, como es conocida aquí) se gastó £12000 de la época en el fiestón del bautizo de su hijo, el futuro Jacobo VI. A todo esto, María también tiene su canción famosa: To France, de Mike Oldfield, trata sobre ella. Dentro del dormitorio de María de Guisa, la madre de María Estuardo, se han colocado reproducciones de los famosos tapices del unicornio, más o menos como debieron de estar en su momento. Los originales están en Nueva York, pero dentro del castillo se ha instalado un taller de telares que ha creado reproducciones exactas usando técnicas de la época.

Los siete tapices cuelgan alrededor de la habitación

También hemos visto las cocinas, donde hay reproducciones a tamaño natural de todo lo que debía de haber en su interior, incluidos los trabajadores, y el museo de los Argyll & Sutherland Highlanders, que está dentro del recinto. En total, tres horitas bastante entretenidas.

Ya era hora de comer, de modo que hemos bajado por el pueblo en busca de un sitio que nos convenciera. Como Stirling es muy turístico, los precios son altos. Y hemos acabado comiendo en un indio. Que, hoy día, es de lo más típico en el Reino Unido. De paso, me he bebido un Irn Bru con la comida. Para quienes no lo conozcáis, es un refresco escocés muy popular en todo el país cuyo nombre original era Iron Brew, pero tuvieron que cambiarlo porque no se fabrica por fermentación (brew) de nada, aunque sí tiene trazas de hierro. No sabría explicaros el sabor, pero Tereixa decía que le recordaba algún jarabe que tomaba de pequeña.

Antes de dejar Stirling, más Argyll: en este caso, el Argyll's Lodging, que no es sino un palacete renacentista del s. XVII. Se entra con la misma entrada del castillo y es interesante para ver cómo vivía un noble de esa época. Incluso hoy día parece una casa bastante acogedora.

Finalmente hemos cogido el coche, pero no para ir a Glasgow, sino al monumento a William Wallace, que está en un monte cercano. No es una escultura, sino una torre de varios pisos. Conque hemos llegado y, en vez de coger el minibús, hemos decidido subir el monte andando. Una pequeña paliza, pero aún teníamos reservas. Además, no teníamos muy claro lo de entrar al monumento pues, según nuestra guía, la entrada costaba £7,50 y no valía el Explorer Pass. Pero al llegar arriba hemos visto que el precio estaba equivocado: en realidad, eran £9,50. Pues como que no, aunque el Explorer nos daba derecho a un 10% de descuento. Nos hemos contentado con ver el monumento por fuera y luego bajar por un camino más largo, a través del bosque. Ha sido un paseo muy bonito, oye.

The National Wallace Monument, que es su nombre oficial

Esta vez sí que nos hemos ido a Glasgow. Naturalmente, habíamos abandonado la idea de ver la catedral hacía mucho (la dejamos para mañana). Hemos cogido nuestra habitación, que vuelve a estar bastante bien (sin dueños indios, se cortó la racha), hemos descansado un poco y nos hemos ido en busca de un pub donde tomar unas cervezas y, eventualmente, cenar. Si a mediodía hemos cumplido uno de los tópicos que nos faltaban (la comida india), por la noche han sido los haggis. Y luego ya a casita y a dormir, que mañana empieza la aventura. Por cierto: para seguir con la constante del día, nuestro hotelito se llama Argyll Guest House.

lunes, 25 de mayo de 2015

A vueltas por Edimburgo

Hoy no nos tocaba viajar, cosa que he agradecido tras atravesar toda Inglaterra en dos días. Aunque me gusta moverme, no soy especialmente aficionado a conducir.

Esta mañana ya hacia rato que oía a Tereixa rondando cuando he decidido levantarme. Jo, eran poco más de las siete. Esto no son horas en vacaciones. Pero bueno, así he podido asearme y arreglarme con toda parsimonia antes de desayunar. Esta vez lo tenemos incluido con la habitación, pero solo es continental. Es decir: nada cocinado. Creo que somos los únicos huéspedes de la casa, porque en el salón solo había desayuno para dos. Eso sí, hemos acabado con casi todo lo que habían sacado nuestros invisibles anfitriones.

Y luego he descubierto que Tereixa iba un poco confundida con las horas, porque nuestra visita a Murrayfield era a las 11h, no a las 10h. Pues sí, nos hemos ido a ver el templo del rugby escocés (el templo del rugby, toma topicazo), el campo donde juega sus partidos la selección del cardo: Murrayfield. La única visita que llevábamos preparada desde España para todo el viaje. Como muchos sabréis, los dos somos muy aficionados al rugby y ella incluso juega.

Como íbamos con tiempo, hemos visitado la tienda del estadio (aligerando considerablemente nuestros bolsillos en el proceso) y la zona donde se encuentra este. Podíamos habernos ahorrado esta parte, porque es bastante fea. Ni siquiera hay muchos pubs cerca.

Finalmente, la visita ha empezado con un pequeño retraso. Nuestro guía, Max, era la típica persona que parece haber pasado toda su vida en el campo. Ha sido muy majo y nos ha enseñado un montón de cosas de las instalaciones. En fin, lo hemos pasado muy bien.

No le han dejado entrar en el campo a hacer un ensayo

Luego hemos vuelto a casa a dejar el coche y hemos salido ya a comer. Más comida de pub, que nos gusta bastante a los dos y, finalmente, a la otra gran visita que teníamos prevista para hoy: el castillo de Edimburgo.

El castillo es una fortaleza bastante grande situada sobre una colina, en la parte más alta de la Milla Real. Es, seguramente, la atracción turística más popular de la ciudad y da para bastante rato, porque hay muchos recintos en su interior. Lo único malo ha sido el día tan bueno que hacia. Hemos tenido mucho sol durante toda la tarde, así que la ropa de abrigo nos sobraba. Pero tampoco ha sido tan grave. Hemos visto las joyas de la corona escocesa. Que no son tales joyas, sino más bien unos cuantos objetos históricos, encabezados por la Piedra de Scone que se usa en las coronaciones de los monarcas escoceses y fue durante siglos motivo de resquemor contra los ingleses, que se la llevaron a Londres tras una batalla y no la devolvieron hasta finales del siglo pasado. Y, ojo, es una vulgar piedra. Lo que tienen los símbolos. Además de la piedra, los objetos principales son los llamados Honores de Escocia: la corona, espada y cetro del rey.

La ciudad nueva de Edimburgo, vista desde el castillo

También hemos aprendido cosas sobre la época en que se usó como prisión militar, durante las guerras de los siglos XVIII y XIX. Por ejemplo, que las raciones diarias que se daban a los prisioneros incluían cerveza y sidra. Y las que daban a los marineros de los EE. UU. apresados durante su guerra de la independencia eran más reducidas porque los consideraban piratas.

Desde el castillo hemos bajado directamente hasta Princes Street. Es la calle que hay justo al otro lado del parque que separa las ciudades vieja y nueva, como podéis ver en la foto tomada desde el castillo. Hemos paseado por allí y también por el cementerio que hay junto a la iglesia de San Cudberto. No sé a vosotros, pero a mí los cementerios de iglesia me parecen encantadores. En este está enterrado John Napier, el de los logaritmos neperianos, pero no hemos encontrado su tumba.

Y lo cierto es que ya estábamos bastante cansados, conque hemos vuelto a la zona de la Milla Real en busca de un pub donde tomar una cerveza y descansar un poco. Hemos acabado en uno junto a la estatua de Greyfriars Bobby, un perro legendario por no abandonar la tumba de su amo, enterrado en el cercano cementerio de Greyfriars, hasta su propia muerte, catorce años después. Sin embargo, y esto no se lo digáis a los edimburgueses, parece que la historia fue un invento de los comerciantes de la zona, en el siglo XIX. para atraer visitas. Que el turismo es un gran invento se sabe desde hace mucho.

En fin nos hemos tomado nuestras pintas y, ya que estábamos, nos hemos quedado a cenar. Y seguimos sin pedir haggis, pese a comer siempre en sitios en que tienen. A lo mejor mañana. Y ya nos hemos vuelto a casa bastante machacados.

domingo, 24 de mayo de 2015

Ahora sí, Escocia

Como anoche nos acostamos pronto, esta mañana también nos hemos levantado pronto y, sin ninguna prisa, hemos cogido la carretera a las nueve en punto. No sin antes conseguir dejarme en la habitación el cargador del móvil, que es también el de la tableta. Claro que de esto me he dado cuenta mucho más tarde. Por suerte, tenía un cable de repuesto, así que puedo usar la clavija de Tereixa hasta que me compre otra.

Nuestra intención era parar por el camino para desayunar como debe ser (traducido: un desayuno inglés por su sitio, que nuestra habitación no lo incluía) y llegar a comer a Edimburgo. Pero los planes han ido cambiando.

Hemos salido de Easingwold por una carretera local con muchos pubs campestres que anunciaban desayunos y comida casera, pero queríamos hacer unos cuantos kilómetros antes de parar (teníamos unas tres horas y media hasta nuestro destino). Lo malo es que hemos vuelto a la A1 y allí ya no había más que áreas de servicio con comida prefabricada. Al final, hemos cogido una salida cualquiera, a ver adónde nos llevaba. Y ha resultado ser una feria rural en Northumbria con un café en el que no tenían desayuno inglés, pero sí un montón de gente desayunando. En general, ya talluditos; Tereixa y yo bajábamos considerablemente la edad media del local. Pero nos hemos atizado unos bollos con bacon y huevos escalfados perfectos. Entre esto y que mi resfriado del día anterior no me había vuelto a dar la murga, estaba encantado.

Una rubia gallega y dos frisonas

Y ya hemos salido de nuevo hacia Edimburgo. Pero por el camino, que nos iba llevando cada vez más cerca de la costa, hemos visto que el mapa mostraba una islita cercana a la costa llamada Holy Island. Entonces me he acordado de Lindisfarne, un lugar que visitamos en mi viaje anterior a la zona, hace dieciséis años. Y, tal como sospechaba, era la misma isla. Una isla mareal que se convierte en península con la marea baja, y hemos tenido suerte: la marea estaba baja y aún faltaban más de seis horas para que subiera. Conque hacia allá que hemos ido.

Lindisfarne es un sitio bastante popular entre los turistas porque, además del pequeño pueblo, tiene varios monumentos medievales. En concreto, una iglesia, una gran abadía (en ruinas), y un castillo. Nos hemos dado tres horas para verlo todo y ha valido la pena, aunque no hemos querido pagar la entrada de la abadía ni del castillo (a la iglesia se entra gratis).

También cobran un par de libras por el viaje en autobús hasta el castillo (ida y vuelta), pero nosotros hemos preferido hacerlo andando. Más que por ahorrar, por disfrutar las vistas mientras nos acercábamos. El castillo, en mi opinión, es más bonito de lejos que de cerca.

No sé cómo no han rodado más películas aquí

Al final, hemos comido en Lindisfarne. Unos sándwiches de cangrejo, que son la comida típica del lugar, en la terraza de un pub. En la que hemos pasado un poco de frío, para qué negarlo. Hoy hemos tenido sol a ratos, pero este no era uno de ellos, y la temperatura baja bastante cuando está nublado.

Finalmente hemos seguido camino hacia Edimburgo y, por fin, hemos entrado en Escocia. Hemos llegado a nuestro hotelito y lo primero que hemos notado ha sido el olor a curry. En efecto, ha salido una chica india a recibirnos. Bastante arregladito pese al pequeño tamaño y la habitación tampoco está nada mal. Mejor, porque vamos a estar aquí dos días,

Hemos descansado un rato (sobre todo yo, que me encargo de conducir y no estoy muy acostumbrado a ello) y hemos bajado al centro dando un paseo. Nuestro hotel está bastante bien situado y podemos ir andando a los sitios. Así podemos disfrutar de la preciosa capital escocesa.

No recuerdo qué es este edificio, pero casi toda la ciudad vieja es así

Hemos recorrido la milla real (Royal Mile) de arriba abajo y de abajo arriba, aunque nos hemos dejado la visita al castillo para mañana y, finalmente, hemos cenado en el World's End, un pub muy apañado con buena comida. Hemos dejado los haggis para otro día, pero Tereixa ya ha probado el salmón escocés y yo me he comido un steak & ale pie. Ya os dije ayer que me gustan los pasteles de carne ingleses, ¿verdad? Y, mientras, buscábamos por internet noticias de las elecciones. En el telediario de la BBC las han nombrado, pero sin mucho detalle, claro.

Luego hemos acabado en el Whistle Binkies, otro pub más grande y sin comida, pero con música en vivo. Tenían un trío bastante apañado, pero nos hemos ido a mitad de actuación porque estábamos cansados. Tal vez volvamos mañana; pero, ahora, a dormir.

sábado, 23 de mayo de 2015

A Escocia por Londres

Lo más fácil para ir a Escocia desde Madrid puede parecer coger un vuelo a Edimburgo o Glasgow. Bien, lo más fácil puede ser, pero no lo más barato. La diferencia de precio ente volar dos personas a Londres y a alguna de las ciudades escocesas equivale al alquiler de un coche durante una semana. Así que no tuvimos ninguna duda: vuelo a Londres y aprovecharemos para ver algo por el camino. En este caso, York, donde pasaremos nuestra primera noche.

Después de un vuelo sin incidentes hemos aterrizado en Heathrow a las 10:30 y recogido nuestro coche, me he subido a un bordillo ya antes de salir (para mí, lo único difícil de conducir por la izquierda es calcular el ancho del propio coche y no irte demasiado a la izquierda) y hemos cogido la M1 hacia York. La M1, en algunos tramos A1, es la carretera que une Londres con Edimburgo. Al principio teníamos mucha circulación, lo que hemos atribuido al tráfico londinense. Pero nos alejábamos de la capital y la congestión seguía; y eso que era sábado (más tarde nos enteramos de que el lunes era festivo por Pentecostés). Además, la velocidad estaba limitada a 50 mph en muchos tramos por culpa de las obras. En fin, ha sido un viaje bastante pesado. Aunque ya no me he subido a más bordillos ni he chocado con nadie. ¡Bien por mí!
En el Reino Unido se pasaron ya hace unos cuantos años al sistema métrico, aunque algunas personas siguen usando las viejas medidas imperiales. De este modo, ya solo quedan dos países en el mundo que no han adoptado oficialmente este sistema: uno de ellos es Estados Unidos, claro. Pero han hecho una excepción: las distancias en carretera se siguen midiendo en millas. Supongo que era demasiado complicado cambiar todas las señales de tráfico de golpe para evitar que los automovilistas no supieran si estaban viendo una nueva (en km) o vieja (en mi). Además de que los coches dan la velocidad en mph, aunque la mayoría también muestra los km/h. Así, las velocidades máximas son parecidas a las españolas, pero redondeando hacia abajo. En las autopistas y autovías (hay muy pocas de peaje), 70 mph; en las carreteras, 60 mph; y en poblado, 30 mph.

En fin, entre la circulación, las obras y la parada para comer, hemos llegado a York a las 17:30, o más bien a Easingwold, el pequeño pueblo donde tenemos la habitación. Pretendemos hacer todo el viaje en B&B, casas de huéspedes y pequeños hotelitos. Entre otras cosas, porque el alojamiento en el Reino Unido es carísimo. Pero aquí solo pagamos £40 por noche (entre los dos) y el sitio es mono. Se llama Jaipur, de lo que el astuto lector deducirá que los propietarios son indios. Tiene su propio restaurante indio con bastante buena pinta, pero nosotros hoy queríamos otra cosa. Iba a escribir "otra cosa más inglesa", pero hoy día hay pocas cosas más británicas que la comida india.

Inciso: alguien está celebrando su cumpleaños en el restaurante, porque acaban de poner el Happy Birthday a toda pastilla por los altavoces. No sé cómo no se ha despertado Tereixa, que está dormida a mi lado. Pero volvamos a nuestro relato anterior.

Hemos dejado nuestras cosas y hemos bajado a York con un sol espléndido, a diferencia del cielo encapotado que hemos dejado en Londres. Y nos hemos dedicado a pasear por el centro de la ciudad. York es la típica ciudad histórica que hoy día ha perdido su importancia, por lo que conserva un centro en un estado excelente. Casi todo el recinto amurallado es semipeatonal, así que es muy agradable cuando hace buen tiempo. Hemos visto las impresionantes ruinas de la abadía, la catedral gótica (por fuera solo; estaba cerrada por un concierto), el castillo normando y, en general, creo que no hemos dejado una calle del casco histórico sin recorrer.

Esperemos que no aparezca el destripador de Yorkshire por alguna esquina

Al final hemos ido a un pub a cenar y nos hemos podido comer nuestro Yorkshire pudding, uno de los platos típicos de la zona. Es como un pastel de carne grande y abierto por arriba. Si os gustan los pasteles de carne ingleses, bien; si no, mejor pensad en otra cosa.

Y de ahí hemos ido a comprar una caja de ibuprofeno y a casa. ¿No he mencionado que he aprovechado el primer día de vacaciones para resfriarme? He salido de mi casa esta mañana tan campante, feliz y contento; pero en el avión he empezado a estornudar y ya no he parado en todo el día. Quienes hayáis volado alguna vez con un buen trancazo sabéis lo que mola la maniobra de descenso en esa situación. Se te taponan los oídos y piensas que te van a estallar. Por suerte, el dolor se me ha pasado después del aterrizaje, aunque he seguido llevando un oído taponado durante bastante rato y no oía nada por él. Hoy he comprendido un poco más a mi padre, que es sordo de un oído.

En fin, a base de caramelos de menta y el ibuprofeno, parece que ya voy mejor. Pero, como no podemos ver el festival de Eurovisión porque la tele de la habitación no funciona (hemos oído cuatro o cinco canciones en la radio y eran todas una mierda), hemos decidido acostarnos pronto. Mañana saldremos hacia Edimburgo. Un par de días allí, otro en Glasgow y luego, a la aventura. Ya os iré contando.