Para seguir hacia el norte desde Inverness solo hay una carretera decente: la A9, que es la que hemos ido siguiendo desde Edimburgo, salvo el desvío a Glasgow. Y no creáis que pasa por ninguna urbe. Por aquí solo hay pueblos pequeños. Las localidades más grandes son Wick y Thurso (el final de la A9), ninguna de las cuales llega a los 8000 habitantes. Pero hay algún pueblecito pintoresco y, sobre todo, un paisaje espectacular. Aunque, al ir la carretera por la costa, no hemos cruzado las montañas que caracterizan las Highlands. Por si alguien se llama a error, no son montañas muy altas: pocas superan los 1000 metros de altura, y no por mucho. Pero es un terreno muy escarpado.
En fin, que hemos parado unas cuantas veces por el camino. La primera parada ha sido Tain, el burgo real más septentrional de Escocia según nuestra guía; pero es falso, ese honor corresponde a Wick. De todos modos, como burgo real tiene algunos edificios históricos, pero hoy estaban cerrados. Su museo y recinto histórico, Tain Through Time, abre los sábados... a partir de junio. Y hoy es 30 de mayo. En fin, nos hemos mezclado con la juventud del pueblo (me sentía un chavalín en comparación con la población local), hemos paseado un poquito y nos hemos marchado. Poco éxito, la verdad.
La siguiente parada ha ido mejor. Nos hemos detenido en Dornoch, que tiene una catedral gótica bastante interesante. Además, hemos caminado por los alrededores del pueblo hasta el mar. Y hemos visto el lugar donde quemaron la última bruja de Escocia, hace casi trescientos años.
Luego, para entrar un poco en calor, nos hemos tomado un té en un café en el que éramos los únicos que no bebían cerveza o whisky. Yo tenía que conducir, y Tereixa suele solidarizarse conmigo y no bebe tampoco cuando yo no puedo. Pero nos hemos sentido observados.
La siguiente escala ha sido en Golspie, un pueblo atravesado por la carretera. Tiene una playa bastante larga y, por suerte, hemos tenido bastante sol durante la parada. Así que hemos dado un paseo, hemos buscado focas sin éxito, hemos comido en un fish & chips y hemos tenido al final una interesante conversación con un paisano. Al menos, hasta el momento en que hemos dejado de entenderle (lo que llevaba en el termo no parecía agua). Casi no nos deja irnos, el señor Angus. Pero oye, hacía bueno y se estaba bien al sol.
A todo esto, no sabemos si el señor se llamaba realmente Angus o no. Pero señor Angus y señora Maggie han sido nuestros nombres para el escocés estándar durante el viaje. Frases típicas nuestras:
- Pregúntale al señor Angus cuánto vale la entrada.
- Deja pasar a la señora Maggie o te arreará con el paraguas.
Ya no hemos parado más hasta nuestro destino, aunque en los últimos kilómetros hemos tenido la satisfacción de circular por alguna de nuestras queridas carreteras de un solo carril; aunque solo nos hemos cruzado con un coche, hemos ido como reyes. Nuestro hotelito es bastante apañado. La habitación no es la bomba, pero está bien, y tiene un bar-comedor muy majo. Así que yo me he venido a echar una pinta mientras Tereixa se quedaba en la habitación a ver la final de la Copa de Escocia. Dice que cuando el Caley Thistle ha metido el 2-1 definitivo ha pegado un brinco como si lo hubiera marcado el Celta. Hoy habrá fiesta en Inverness.
Luego, aprovechando que los días son muy largos, nos hemos ido a dar una vuelta por los alrededores del pueblo. Hemos ido hasta el castillo de Mey, donde la difunta reina madre británica solía pasar algunas temporadas; luego hasta la costa, desde donde veíamos las cercanas islas Orcadas; y después hemos subido saludando a la población local. Aquí me tenéis charlando con una señora que se ha acercado un ratito.
Y ya de vuelta a cenar al hotel. Casi no nos pueden dar, porque el restaurante estaba a reventar (es sábado), pero al final hemos cenado bastante bien. Y acabo esto con The Spirit of Radio en los altavoces y el dueño esperando que me vaya para cerrar e irse a dormir. Así que buenas noches también a vosotros.


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