sábado, 23 de mayo de 2015

A Escocia por Londres

Lo más fácil para ir a Escocia desde Madrid puede parecer coger un vuelo a Edimburgo o Glasgow. Bien, lo más fácil puede ser, pero no lo más barato. La diferencia de precio ente volar dos personas a Londres y a alguna de las ciudades escocesas equivale al alquiler de un coche durante una semana. Así que no tuvimos ninguna duda: vuelo a Londres y aprovecharemos para ver algo por el camino. En este caso, York, donde pasaremos nuestra primera noche.

Después de un vuelo sin incidentes hemos aterrizado en Heathrow a las 10:30 y recogido nuestro coche, me he subido a un bordillo ya antes de salir (para mí, lo único difícil de conducir por la izquierda es calcular el ancho del propio coche y no irte demasiado a la izquierda) y hemos cogido la M1 hacia York. La M1, en algunos tramos A1, es la carretera que une Londres con Edimburgo. Al principio teníamos mucha circulación, lo que hemos atribuido al tráfico londinense. Pero nos alejábamos de la capital y la congestión seguía; y eso que era sábado (más tarde nos enteramos de que el lunes era festivo por Pentecostés). Además, la velocidad estaba limitada a 50 mph en muchos tramos por culpa de las obras. En fin, ha sido un viaje bastante pesado. Aunque ya no me he subido a más bordillos ni he chocado con nadie. ¡Bien por mí!
En el Reino Unido se pasaron ya hace unos cuantos años al sistema métrico, aunque algunas personas siguen usando las viejas medidas imperiales. De este modo, ya solo quedan dos países en el mundo que no han adoptado oficialmente este sistema: uno de ellos es Estados Unidos, claro. Pero han hecho una excepción: las distancias en carretera se siguen midiendo en millas. Supongo que era demasiado complicado cambiar todas las señales de tráfico de golpe para evitar que los automovilistas no supieran si estaban viendo una nueva (en km) o vieja (en mi). Además de que los coches dan la velocidad en mph, aunque la mayoría también muestra los km/h. Así, las velocidades máximas son parecidas a las españolas, pero redondeando hacia abajo. En las autopistas y autovías (hay muy pocas de peaje), 70 mph; en las carreteras, 60 mph; y en poblado, 30 mph.

En fin, entre la circulación, las obras y la parada para comer, hemos llegado a York a las 17:30, o más bien a Easingwold, el pequeño pueblo donde tenemos la habitación. Pretendemos hacer todo el viaje en B&B, casas de huéspedes y pequeños hotelitos. Entre otras cosas, porque el alojamiento en el Reino Unido es carísimo. Pero aquí solo pagamos £40 por noche (entre los dos) y el sitio es mono. Se llama Jaipur, de lo que el astuto lector deducirá que los propietarios son indios. Tiene su propio restaurante indio con bastante buena pinta, pero nosotros hoy queríamos otra cosa. Iba a escribir "otra cosa más inglesa", pero hoy día hay pocas cosas más británicas que la comida india.

Inciso: alguien está celebrando su cumpleaños en el restaurante, porque acaban de poner el Happy Birthday a toda pastilla por los altavoces. No sé cómo no se ha despertado Tereixa, que está dormida a mi lado. Pero volvamos a nuestro relato anterior.

Hemos dejado nuestras cosas y hemos bajado a York con un sol espléndido, a diferencia del cielo encapotado que hemos dejado en Londres. Y nos hemos dedicado a pasear por el centro de la ciudad. York es la típica ciudad histórica que hoy día ha perdido su importancia, por lo que conserva un centro en un estado excelente. Casi todo el recinto amurallado es semipeatonal, así que es muy agradable cuando hace buen tiempo. Hemos visto las impresionantes ruinas de la abadía, la catedral gótica (por fuera solo; estaba cerrada por un concierto), el castillo normando y, en general, creo que no hemos dejado una calle del casco histórico sin recorrer.

Esperemos que no aparezca el destripador de Yorkshire por alguna esquina

Al final hemos ido a un pub a cenar y nos hemos podido comer nuestro Yorkshire pudding, uno de los platos típicos de la zona. Es como un pastel de carne grande y abierto por arriba. Si os gustan los pasteles de carne ingleses, bien; si no, mejor pensad en otra cosa.

Y de ahí hemos ido a comprar una caja de ibuprofeno y a casa. ¿No he mencionado que he aprovechado el primer día de vacaciones para resfriarme? He salido de mi casa esta mañana tan campante, feliz y contento; pero en el avión he empezado a estornudar y ya no he parado en todo el día. Quienes hayáis volado alguna vez con un buen trancazo sabéis lo que mola la maniobra de descenso en esa situación. Se te taponan los oídos y piensas que te van a estallar. Por suerte, el dolor se me ha pasado después del aterrizaje, aunque he seguido llevando un oído taponado durante bastante rato y no oía nada por él. Hoy he comprendido un poco más a mi padre, que es sordo de un oído.

En fin, a base de caramelos de menta y el ibuprofeno, parece que ya voy mejor. Pero, como no podemos ver el festival de Eurovisión porque la tele de la habitación no funciona (hemos oído cuatro o cinco canciones en la radio y eran todas una mierda), hemos decidido acostarnos pronto. Mañana saldremos hacia Edimburgo. Un par de días allí, otro en Glasgow y luego, a la aventura. Ya os iré contando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario