martes, 26 de mayo de 2015

Stirling

Hoy dejábamos Edimburgo (por cierto: Edinburgh no se pronuncia "Edimburg", sino algo como "Edimborah", con una o muy corta) para ir a la otra ciudad grande de Escocia: Glasgow. Que sí se pronuncia como cabría esperar, aunque en el dialecto escocés se viene a pronunciar Gleska. Así que esta mañana, durante el desayuno, hemos pensado qué podríamos hacer por el camino y nos hemos decidido por el castillo de Stirling, que coge casi a mitad de camino. En realidad, hay que desviarse un poco, pero no mucho. Y a eso le hemos añadido otro pequeño desvío porque yo quería cruzar el puente del Forth. Si miráis el mapa de Escocia, Edimburgo está justo debajo del estuario del Forth, o Firth of Forth. El título de la canción de Genesis Firth of Fifth es un juego de palabras con el nombre del estuario (¿que no la conoces? Venga, te la pongo aquí abajo; ve a oírla, que te espero). La idea para el día era: castillo de Stirling por la mañana y catedral de Glasgow por la tarde.


Si el solo de Steve Hackett no te pone la piel de gallina, no me vuelvas a hablar.

Bien, el caso es que hay dos puentes que cruzan el estuario desde Edimburgo: uno por ferrocarril y el otro por carretera. Están cerca uno del otro y son bastante espectaculares, así que me apetecía cruzar el de carretera y luego ir hacia Stirling por el norte del estuario, en lugar del sur. Sin embargo, una vez cruzado el puente, nuestro GPS insistía en que lo mejor era dar media vuelta y volver a cruzarlo. Así que lo hemos pasado dos veces. Y vale la pena, porque, como os he dicho antes, es muy espectacular. El ingeniero que aún llevo dentro lo ha pasado bien ese rato.

Bien, hemos seguido camino hacia Stirling, que estará a unas 30 millas de Edimburgo. Sí, ahora contamos en millas para no liarnos con las velocidades y las indicaciones de la carretera. El pueblo en sí es bonito, pero lo principal es, sin duda, el castillo. En realidad, otra fortaleza amurallada como el de Edimburgo, con varios edificios dentro del recinto. Lo recordaba más pequeño y alejado de la población, pero está en lo más alto de la misma y es muy grande. Stirling fue residencia real durante varios siglos, aunque, a diferencia del castillo de Edimburgo, ya no se usa con fines ceremoniales.

La entrada cuesta £14.50, pero no hemos tenido que pagar porque ayer compramos el Explorer Pass, que te permite ver un montón de atracciones en Escocia por £30 o £40, según cuántos días quieras usarlo. Nosotros cogimos los de £40, que nos servirán para todo el viaje. De momento, entre los dos castillos, ya hemos amortizado £30.

Una pequeña sección del castillo

Dentro del castillo, del que la foto solo cubre una pequeña sección, hay, como os decía antes, numerosos edificios y dependencias. Se pueden ver las estancias reales, donde unos actores representan el papel de sirvientes y explican cómo era la vida allí en el siglo XVI. También el Gran Salón, que se usó para dar grandes fiestas con el fin de potenciar la imagen de Escocia en el exterior. Por ejemplo: María Estuardo (Mary Queen of Scots, como es conocida aquí) se gastó £12000 de la época en el fiestón del bautizo de su hijo, el futuro Jacobo VI. A todo esto, María también tiene su canción famosa: To France, de Mike Oldfield, trata sobre ella. Dentro del dormitorio de María de Guisa, la madre de María Estuardo, se han colocado reproducciones de los famosos tapices del unicornio, más o menos como debieron de estar en su momento. Los originales están en Nueva York, pero dentro del castillo se ha instalado un taller de telares que ha creado reproducciones exactas usando técnicas de la época.

Los siete tapices cuelgan alrededor de la habitación

También hemos visto las cocinas, donde hay reproducciones a tamaño natural de todo lo que debía de haber en su interior, incluidos los trabajadores, y el museo de los Argyll & Sutherland Highlanders, que está dentro del recinto. En total, tres horitas bastante entretenidas.

Ya era hora de comer, de modo que hemos bajado por el pueblo en busca de un sitio que nos convenciera. Como Stirling es muy turístico, los precios son altos. Y hemos acabado comiendo en un indio. Que, hoy día, es de lo más típico en el Reino Unido. De paso, me he bebido un Irn Bru con la comida. Para quienes no lo conozcáis, es un refresco escocés muy popular en todo el país cuyo nombre original era Iron Brew, pero tuvieron que cambiarlo porque no se fabrica por fermentación (brew) de nada, aunque sí tiene trazas de hierro. No sabría explicaros el sabor, pero Tereixa decía que le recordaba algún jarabe que tomaba de pequeña.

Antes de dejar Stirling, más Argyll: en este caso, el Argyll's Lodging, que no es sino un palacete renacentista del s. XVII. Se entra con la misma entrada del castillo y es interesante para ver cómo vivía un noble de esa época. Incluso hoy día parece una casa bastante acogedora.

Finalmente hemos cogido el coche, pero no para ir a Glasgow, sino al monumento a William Wallace, que está en un monte cercano. No es una escultura, sino una torre de varios pisos. Conque hemos llegado y, en vez de coger el minibús, hemos decidido subir el monte andando. Una pequeña paliza, pero aún teníamos reservas. Además, no teníamos muy claro lo de entrar al monumento pues, según nuestra guía, la entrada costaba £7,50 y no valía el Explorer Pass. Pero al llegar arriba hemos visto que el precio estaba equivocado: en realidad, eran £9,50. Pues como que no, aunque el Explorer nos daba derecho a un 10% de descuento. Nos hemos contentado con ver el monumento por fuera y luego bajar por un camino más largo, a través del bosque. Ha sido un paseo muy bonito, oye.

The National Wallace Monument, que es su nombre oficial

Esta vez sí que nos hemos ido a Glasgow. Naturalmente, habíamos abandonado la idea de ver la catedral hacía mucho (la dejamos para mañana). Hemos cogido nuestra habitación, que vuelve a estar bastante bien (sin dueños indios, se cortó la racha), hemos descansado un poco y nos hemos ido en busca de un pub donde tomar unas cervezas y, eventualmente, cenar. Si a mediodía hemos cumplido uno de los tópicos que nos faltaban (la comida india), por la noche han sido los haggis. Y luego ya a casita y a dormir, que mañana empieza la aventura. Por cierto: para seguir con la constante del día, nuestro hotelito se llama Argyll Guest House.

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