Como anoche nos acostamos pronto, esta mañana también nos hemos levantado pronto y, sin ninguna prisa, hemos cogido la carretera a las nueve en punto. No sin antes conseguir dejarme en la habitación el cargador del móvil, que es también el de la tableta. Claro que de esto me he dado cuenta mucho más tarde. Por suerte, tenía un cable de repuesto, así que puedo usar la clavija de Tereixa hasta que me compre otra.
Nuestra intención era parar por el camino para desayunar como debe ser (traducido: un desayuno inglés por su sitio, que nuestra habitación no lo incluía) y llegar a comer a Edimburgo. Pero los planes han ido cambiando.
Hemos salido de Easingwold por una carretera local con muchos pubs campestres que anunciaban desayunos y comida casera, pero queríamos hacer unos cuantos kilómetros antes de parar (teníamos unas tres horas y media hasta nuestro destino). Lo malo es que hemos vuelto a la A1 y allí ya no había más que áreas de servicio con comida prefabricada. Al final, hemos cogido una salida cualquiera, a ver adónde nos llevaba. Y ha resultado ser una feria rural en Northumbria con un café en el que no tenían desayuno inglés, pero sí un montón de gente desayunando. En general, ya talluditos; Tereixa y yo bajábamos considerablemente la edad media del local. Pero nos hemos atizado unos bollos con bacon y huevos escalfados perfectos. Entre esto y que mi resfriado del día anterior no me había vuelto a dar la murga, estaba encantado.
Y ya hemos salido de nuevo hacia Edimburgo. Pero por el camino, que nos iba llevando cada vez más cerca de la costa, hemos visto que el mapa mostraba una islita cercana a la costa llamada Holy Island. Entonces me he acordado de Lindisfarne, un lugar que visitamos en mi viaje anterior a la zona, hace dieciséis años. Y, tal como sospechaba, era la misma isla. Una isla mareal que se convierte en península con la marea baja, y hemos tenido suerte: la marea estaba baja y aún faltaban más de seis horas para que subiera. Conque hacia allá que hemos ido.
Lindisfarne es un sitio bastante popular entre los turistas porque, además del pequeño pueblo, tiene varios monumentos medievales. En concreto, una iglesia, una gran abadía (en ruinas), y un castillo. Nos hemos dado tres horas para verlo todo y ha valido la pena, aunque no hemos querido pagar la entrada de la abadía ni del castillo (a la iglesia se entra gratis).
También cobran un par de libras por el viaje en autobús hasta el castillo (ida y vuelta), pero nosotros hemos preferido hacerlo andando. Más que por ahorrar, por disfrutar las vistas mientras nos acercábamos. El castillo, en mi opinión, es más bonito de lejos que de cerca.
Al final, hemos comido en Lindisfarne. Unos sándwiches de cangrejo, que son la comida típica del lugar, en la terraza de un pub. En la que hemos pasado un poco de frío, para qué negarlo. Hoy hemos tenido sol a ratos, pero este no era uno de ellos, y la temperatura baja bastante cuando está nublado.
Finalmente hemos seguido camino hacia Edimburgo y, por fin, hemos entrado en Escocia. Hemos llegado a nuestro hotelito y lo primero que hemos notado ha sido el olor a curry. En efecto, ha salido una chica india a recibirnos. Bastante arregladito pese al pequeño tamaño y la habitación tampoco está nada mal. Mejor, porque vamos a estar aquí dos días,
Hemos descansado un rato (sobre todo yo, que me encargo de conducir y no estoy muy acostumbrado a ello) y hemos bajado al centro dando un paseo. Nuestro hotel está bastante bien situado y podemos ir andando a los sitios. Así podemos disfrutar de la preciosa capital escocesa.
Hemos recorrido la milla real (Royal Mile) de arriba abajo y de abajo arriba, aunque nos hemos dejado la visita al castillo para mañana y, finalmente, hemos cenado en el World's End, un pub muy apañado con buena comida. Hemos dejado los haggis para otro día, pero Tereixa ya ha probado el salmón escocés y yo me he comido un steak & ale pie. Ya os dije ayer que me gustan los pasteles de carne ingleses, ¿verdad? Y, mientras, buscábamos por internet noticias de las elecciones. En el telediario de la BBC las han nombrado, pero sin mucho detalle, claro.
Luego hemos acabado en el Whistle Binkies, otro pub más grande y sin comida, pero con música en vivo. Tenían un trío bastante apañado, pero nos hemos ido a mitad de actuación porque estábamos cansados. Tal vez volvamos mañana; pero, ahora, a dormir.



No hay comentarios:
Publicar un comentario